Escribir sobre nuestro dolor nos ayuda a superarlo


Decía el viejo adagio castellano que "quien canta su mal espanta". Los tiempos cambian, y a pesar de que lamentablemente los traumas perduran, los modos de curarlos se adaptan a nuestras nuevas costumbres y herramientas tecnológicas. ¿Podríamos modernizar el viejo refrán cambiándolo por "quien blogea, su mal desbloquea"?

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Esta semana he podido leer un interesante artículo de Cathy Edwards en la web de la BBC sobre dos interesantes investigaciones sobre el bienestar y aumento en el vigor que parece producir el acto de escribir sobre las emociones de uno. Uno se considera ya un clásico en la materia, y el otro tiene unos pocos días pero no deja de ser interesante.

Entremos en antecedentes. En 1986, años antes de la irrupción en nuestras vidas de los blog y las redes sociales, el profesor James W. Pennebaker publicó los resultados de una investigación fundamental que demostraba que escribir de forma expresiva podía mejorar el estado de salud de las personas.

Pennebaker se dió cuenta tras descubrir que aquellas personas que habían tenido una experiencia sexual traumática en fases tempranas de su vida, eran mucho más proclives a padecer problemas de salud más adelante. En su opinión, el problema venía de que aquellas experiencias negativas se mantenían en secreto.

Así pues, si guardarse las cosas era tan malo, el profesor Pennbaker se preguntó qué pasaría si se llevaba a personas a su laboratorio y les hacía - en cierto modo - desnudar sus asuntos confidenciales bajo condiciones controladas. Dicho y hecho, le pidió a varios de sus alumnos que colaborasen con él escribiendo durante 4 días, una media de 15 minutos diarios.

A unos les pidió que hablasen sobre la experiencia más traumática de sus vidas (especialmente si las habían mantenido en secreto), mientras que al segundo grupo les pidió escribir sobre asuntos superficiales como la ropa o calzado que llevaban.

A posteriori, el profesor chequeó el historial médico (las visitas a los centros de salud) que habían realizado los alumnos de uno y otro grupo en los meses que siguieron al experimento. No le sorprendió descubrir que aquellos que hablaron sobre experiencias traumáticas acudieron al médico la mitad de veces que aquellos que trataron temas superficiales en sus escritos.

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Aquel viejo, e influyente trabajo de Pennbraker, inspiró a una nueva generación de psicólogos. Pero algunos se preguntan si en esta mundo de ahora, en el que no hace falta empujar a la gente a escribir sobre sus problemas ya que muchos lo hacen voluntariamente en sus blogs, o a través de sus perfiles en facebook o twitter, los beneficios en la salud que parece conllevar escribir sobre las emociones se habrán esfumado o aún perduran.

Y esta pregunta nos trae el nuevo trabajo sobre la materia, que en este caso le debemos a psicólogos de la israelí Universidad de Haifa entre los que se encuentra el profesor Azy Barak. El trabajo se centra en adolescentes con dificultades socio-emocionales y en la mejora de la que se benefician al escribir en blogs sobre sus pensamientos y sentimientos.

Los participantes en el experimento se dividieron en seis grupos, entres los que se incluía uno que escribía en blogs abiertos a los lectores pero con comentarios cerrados, otro en el que también se permitían comentarios y otro que escribía en diarios privados a los que el público no podía acceder.

A pesar de que todoslos que escribieron sobre sus sentimientos se beneficiaron del efecto reconfortante, aquellos que escribieron en los blogs cuyos lectores podían comentar se llevaron la mejor parte, lo cual parece contrastar con una de las recomendaciones del profesor Pennebaker sobre escritura expresiva: "hazlo para ti mismo". El profesor Barak en cambio no parece sorprendido, en su opinión la escritura online es percibida por quien la realiza como una actividad privada a pesar de que cualquiera pueda acceder a esos contenidos.

Obviamente existe el riesgo de los comentarios negativos de los lectores, y su posible influencia en el empeoramiento de quien desnuda sus penas, pero en el trabajo de los israelís (que moderaban los comentarios que llegaban a los blogs de los participantes en el experimento) se dieron muy pocos.

Tras leer sobre los dos trabajos me pregunto que resultará mejor a la hora de curar nuestra alma de ese dolor que nos invade. Será mejor seguir la vieja escuela de Pennbaker, que recomendaba escribir sobre nuestras cuitas en un papel secreto en el que volcar nuestro dolor, para después someterlo al fuego liberador, o el nuevo enfoque "impúdico-bloguero" de los israelís.

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Yo ya he tomado mi decisión. ¿Cómo lo veis vosotros?

Me enteré leyendo BBC news.

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