El nacimiento de un ecosistema

José de Toledo

Una de las tareas de la ecología como ciencia es explicar cómo surgen, se organizan y evolucionan los ecosistemas. En algunas raras ocasiones se puede ver cómo renacen después de una perturbación, bien sea un fuego, una riada u otro suceso más o menos catastrófico. Muy excepcionalmente se puede ver un ecosistema nacer, completamente libre de seres vivos, para poder estudiarlo desde el inicio. Por suerte, existe un lugar así: La isla de Surtsey.

La isla de Surtsey surgió como una erupción volcánica bajo del mar entre 1963 y 1967. Llegó a contar con 2,7 km2, pero rápidamente el agua, el viento y el hielo comenzaron a erosionarla. Ahora mismo cuenta con 1,4 km2 de superficie, pero no se teme por su desaparición. Se encuentra a 32 kilómetros al sur de Islandia, cerca de las islas Westman.

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La isla se ha considerado un "laboratorio natural" desde que emergió. Los primeros en estudiarla fueron los geólogos, que tampoco suelen contar con oportunidades así. Gracias a ellos sabemos que, aunque ha perdido parte de su extensión, no se teme que sea cubierta por el mar hasta 2100.

Los primeros estudios sobre su diversidad son de finales de la década de los 60. Por aquel entonces había sólo diez especies en la isla, principalmente bacterias y hongos, con la primera planta vascular ya asentada. El último catálogo completo, de 2004, cifra en 160 las especies vegetales, todas ellas provenientes de Islandia o de las islas Westman; se calcula que aún podrían asentarse 20 ó 30 especies más.

La fauna de la isla también procede de islas cercanas. Los primeros seres vivos en llegar fueron pájaros, tan pronto como la lava se enfrió lo suficiente, en 1963. En 2004, el número de especies superaba ampliamente los 300. Entre las aves que nidifican se encuentra el fulmar boreal, distintos tipos de gaviota, gansos y frailecillos nivales.

Un incidente curioso que da muestra de los peligros que pueden llegar a amenazar a la isla tiene como protagonistas a los propios investigadores. Aunque se guarda el más absoluto cuidado para no introducir ninguna especie foránea, una mala gestión de los desechos provocó la germinación de una planta de tomate. Rápidamente fue erradicada y desde entonces no ha vuelto a ocurrir nada similar.

La isla de Surtsey no es solo un "laboratorio natural"; es un ecosistema en las primeras fases de su evolución, de ahí su fragilidad. Sirve, además, como lugar de paso en migraciones y proporciona cobijo a muchas especies de mamíferos marinos. Por todo ello, en 2008 obtuvo el reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.