El fraude de los detectores de mentiras

Cuaderno de Ciencias

Los habréis visto en numerosas películas, novelas e incluso programas de televisión. Una persona entra en la habitación y un experto le coloca varios cables alrededor de su cuerpo midiéndole la respiración, el pulso y otras constantes vitales. Esos cables están conectados con una máquina que los refleja en un papel continuo.

- Responda Sí o No a las siguientes preguntas.

- ¿Se llama usted John Stanton?

- Sí.

- ¿Asesinó usted a Mary Smith en la noche del 06 de agosto?

- No.

El cine, las series e incluso la utilización de estos polígrafos por parte de muchos gobiernos han hecho que se haya instalado en la cultura popular la creencia de que estas máquinas detectoras de mentiras son fiables y funcionan a la perfección.

Sin embargo, no es cierto. Los detectores de mentiras, a pesar de lo que la mayoría de la gente cree, no tienen ninguna base científica y sus resultados a lo largo de la Historia han ofrecido más fracasos que éxitos.

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En realidad, el uso de un polígrafo no asegura un acierto mayor al porcentaje que nos ofrecería cualquier sistema al azar. Es decir, utilizar una de estas máquinas no ha demostrado superar la fiabilidad que obtendríamos intentando de adivinar la verdad lanzando una moneda al aire y jugándolo a cara o cruz.

De hecho, y como señala el artículo de Science 2.0 titulado "La pseudociencia del detector de mentiras", estamos realmente ante un abuso de la ciencia. Las empresas que los fabrican y los supuestos expertos que se ganan la vida con estos polígrafos, afirmando incluso que tienen un 96% de fiabilidad, lo que verdaderamente están haciendo es aprovecharse de la sugerente apariencia científica de estas máquinas y de la ignorancia popular que en una gran mayoría aún piensa que funcionan.

Desde 1938, año en el que Leonard Keeler inventara el primer detector de mentiras, han pasado ya casi 80 años y durante este tiempo todavía no se ha publicado ni un solo estudio o análisis detallado que, basado en el método científico, pruebe su eficacia.

Muy al contrario. El fracaso de los resultados de los polígrafos ha provocado que multitud de espías hayan podido infiltrarse en agencias tan supuestamente seguras como la CIA o la KGB. Ejemplos como Ana Belén Montes o Aldrich Ames han costado millones de dólares e incluso vidas humanas al sistema de espionaje de Estados Unidos.

Tanto Montes como Ames eran espías enemigos que, gracias a pasar cómodamente las pruebas del polígrafo, pudieron infiltrarse fácilmente en la estructura de inteligencia de la CIA mientras enviaban información clasificada a sus gobiernos en Rusia o Cuba.

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No obstante, lo peor de confiar en los detectores de mentiras no es la facilidad con la que multitud de espías han pasado sus pruebas, sino la cantidad de personas inocentes que han resultado terriblemente juzgadas, despedidas o inculpadas de algo que no hicieron. En el año 2003 la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos advirtió que por cada mentira descubierta utilizando el sistema del polígrafo existen cientos de errores que caen sobre personas que estaban diciendo la verdad.

Aun así, y a pesar que desde innumerables instituciones y organismos científicos se han declarado obsoletos y erróneos estos detectores de mentiras, los polígrafos continúan siendo utilizados en numerosas ocasiones, e incluso en muchos juicios en Estados Unidos, los tribunales siguen aceptando como pruebas los resultados de estas fraudulentas máquinas.

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