El experimento que juntó a tres Jesucristos

Cuaderno de Ciencias

En la década de 1940 ocurrió algo inusual en una institución mental del estado norteamericano de Maryland. Dos mujeres, pacientes de aquel hospital psiquiátrico, se encontraron casualmente en los pasillos y entablaron conversación. Lo interesante de aquella charla fue que ambas sufrían esquizofrenia, con el añadido particular de que las dos creían ser la Virgen María…

Ante la incómoda situación de dilucidar quién de ellas era realmente la Virgen María, las dos mujeres charlaron, largo y tendido, sobre lo equivocada que estaba la otra sobre su personalidad. Los trabajadores del centro las observaron atentamente durante el tiempo que duró aquel debate, asistiendo atónitos a la retahíla de argumentos que cada una de ellas exponía en su defensa.

Sin embargo, algo sorprendente ocurrió en un momento de la conversación… Una de ellas, tratada durante años sin éxito de su esquizofrenia, se paró a pensar y dijo:

Bien, es posible que tú seas la Virgen María, así que, como yo soy más vieja, ¡debo ser Santa Ana… tu madre!

Los doctores se quedaron anonadados. Aquella paciente había estado recluida durante mucho tiempo en el Hospital y ninguna de las terapias había conseguido hacerle cambiar de opinión sobre el tema. Aun así, delante de sus propios ojos, la paciente había renunciado a su creencia de ser la Virgen María tras encontrarse con otra mujer que también afirmaba serlo. Bien es cierto que cambiar a la Virgen por su madre Santa Ana, no parece un gran cambio si tenemos en cuenta las circunstancias, pero es un cambio, al fin y al cabo…

Aquella anécdota fue recogida años más tarde en un periódico local llamado “Harper's Magazine” en donde posiblemente (no se sabe a ciencia cierta si fue allí donde la leyó) terminó encontrándola el psicólogo Milton Rokeach que a partir de ahora será nuestro protagonista en esta historia…

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Una de las estrofas de la canción “Industrial Disease” de los magníficos Dire Straits, describía el estrambótico ambiente que se suele arremolinar en el Speaker’s Corner de Londres y cantaba “Dos hombres dicen ser Jesucristo… uno de ellos debe de estar equivocado”… Pues algo parecido le ocurría al Doctor Rokeach que estaba al frente de un centro mental en Ypsilanti, estado de Michigan, y en el que se habían terminado juntando hasta tres personas que creían ser Jesucristo.

El psiquiatra estaba muy interesado en los procesos mentales que nos hacen ser lo que somos y qué ocurre en nuestra cabeza cuando se producen estados alterados de la realidad y crisis de identidad.

Aquel repentino cambio de personalidad de una de las “Vírgenes de Maryland” le intrigó hasta tal punto que decidió llevar a cabo un experimento con sus tres pacientes esquizofrénicos. Rokeach pensaba que si aquellos tres Jesucristos se vieran obligados a debatir entre ellos y tuvieran que ofrecer argumentos convincentes de su identidad a los otros, posiblemente alguno de ellos cuestionase lo absurdo de su personalidad divina.

La intención del Doctor Rokeach era poner frente a frente a los tres pacientes y observarlos detenidamente para ver qué ocurría cuando los tres reclamasen la misma identidad… y eso es exactamente lo que hizo en el experimento de Ypsilanti.

Como os podéis imaginar las primeras reacciones de los tres pacientes fueron muy conflictivas… Discutían, gritaban e incluso se peleaban entre ellos mientras clamaban en voz alta: “Me tienes que adorar, yo soy Jesús” “Ni lo sueñes, tú me debes adoración” “No sois más que simples humanos y debéis adorarme a mí”

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Los encontronazos se fueron sucediendo hasta que finalmente cada paciente fue adaptándose a la situación de manera diferente. El propio doctor Rockeach escribió algunos años más tarde un libro titulado “The Three Christs of Ypsilanti” describiendo el experimento y explicando cómo reaccionaron cada uno de ellos ante el desafío de encontrarse con otra persona que también creía ser Jesucristo.

Joseph Cassell, el primero de los tres pacientes, había llegado al Centro de Ypsilanti tras varios fracasos como escritor y después de haber mostrado comportamientos violentos con su familia. Fue el que más firmemente continuó creyendo en su identidad, y argumentaba que los otros dos “Cristos” evidentemente eran locos del Hospital, convencido de que él era el único Jesucristo.

Clyde Benson, un granjero de los alrededores ingresado por graves problemas con la bebida, fue un paso más allá y afirmaba que los otros dos Jesucristos eran en realidad muertos revividos que eran movidos por máquinas…

Finalmente, Leon Gabor, que ingresó en el Hospital con graves problemas psicóticos tras combatir en la segunda Guerra Mundial, fue el paciente que más cambió su personalidad en los momentos posteriores. Según el asombrado doctor Rokeach, Leon evolucionó para evitar conflictos con los dos Jesucristos restantes y terminó afirmando que su verdadera identidad era “El virtuoso y divino estiércol”, añadiendo a su fantasía a una esposa imaginaria de dos metros de altura a la que llamaba “Madame Yeti”.

El experimento de Ypsilansi no había tenido éxito… Ninguno de los tres Jesucristos había evolucionado hacia identidades más racionales y acordes con la realidad, e incluso, en el caso de Leon Gabor, había derivado en comportamientos aún más surrealistas…

Es en este momento cuando el polémico experimento de los tres Jesucristos de Michigan iba a dar una vuelta de tuerca más cuando el doctor Rokeach decidió ahondar en las nuevas identidades de sus pacientes enviándoles cartas relacionadas con sus recientemente adoptadas personalidades. En el libro que escribió más tarde el propio psiquiatra se arrepentiría de ello ante los perjuicios que causó a los pacientes.

Por ejemplo a Leon Gabor, y ante su nueva personalidad de “Estiércol divino”, el doctor se decantó por enviarle cartas haciéndose pasar por su esposa, Madame Yeti, en un vano intento de hacerle entrar en razón… Al principio, en las cartas le pedía cosas sencillas, como que fumara determinada marca de cigarrillos, pero poco a poco fue elevando las exigencias recordándole su verdadero nombre y pidiéndole que abandonara su identidad de “Estiércol divino”.

Ante estas órdenes de su imaginaria esposa, Leon Gabor sufrió enormes crisis emocionales, lloraba en su habitación y se fue alejando aún más de la realidad, llegando incluso a querer divorciarse de Madame Yeti..

Las cartas dirigidas a los otros dos Jesucristos tampoco tuvieron éxito y finalmente el doctor Milton Rokeach abandonó el experimento de Ypsilanti.

El paso de los años dejó en el olvido qué ocurrió con aquellos tres pacientes esquizofrénicos que creían ser Jesucristo, lo que sí sabemos es que en los escritos dejados por Rokeach, el propio psiquiatra se llamaba así mismo como “El cuarto Cristo” reconociendo que había llevado demasiado lejos sus experimentos.

Milton terminó convencido de que, aunque su intención principal era ayudarles, en realidad su actuación había sido manipulativa y poco ética, y que como resultado de sus cartas había terminado por empeorar la condición inicial de sus pacientes.

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Referencias y más información:

Milton Rokeach “The Three Christs of Ypsilanti” libro del propio autor publicado en 1966

Vaugham Bell “Jesus, Jesus, Jesus” Slate.com, 26 may 2010

Alan Bellows “Three thrown over the Cuckoo’s nest” Damn interesting, 22 nov 2013

José R. Alonso “Los tres Jesucristos de Michigan” UniDiversidad, 27 ene 2013