Científicos recrean el mortífero virus de la Gripe Española de 1918

Miguel Artime
Centros de tratamiento de la gripe española en 1918 (Crédito imagen IBTimes).
Centros de tratamiento de la gripe española en 1918 (Crédito imagen IBTimes).

En marzo de 1998, en una localidad del estado de Kansas (EE.UU.) comenzó una pandemia de gripe aviar tan grave, que en solo un año mató a 50 millones de personas por todo el mundo. Su mortífero ataque asoló al planeta durante la primera guerra mundial, razón por la que los aliados (para que no cundiera aún más el desánimo) censuraban sus desastrosos efectos en los medios de información. España, país neutral en la contienda, era uno de los pocos puntos informativos en occidente desde los que se hablaba sobre la pandemia con total libertad (el propio monarca Alfonso XIII enfermó), y es por eso que a día de hoy se sigue conociendo a aquella tragedia como la gripe española. Ahora, para preocupación de muchos, los científicos han recreado un virus que es idéntico en un 97% de al original de 1918.

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La razón por la que los científicos han casi "resucitado" al virus en su laboratorio a partir de ocho genes de un virus de gripe aviar encontrado en una población de patos salvajes, es la de construir un modelo animal que indique la facilidad con la que este virus puede dar el salto a los humanos, para de este modo poder construir una mejor defensa en forma de vacunas.

Lejos de haber consenso en la comunidad científica, algunos investigadores han denunciado este trabajo, ya que consideran que los beneficios no compensan el riesgo de provocar otra catástrofe como la de 1918, en caso de que el virus modificado genéticamente en laboratorio pudiera escapar, bien fuera de forma accidental o deliberada.

En un reciente artículo publicado en Independent el profesor Yoshihiro Kawaoka de la Universidad de Wisconsin Madison, se defiende contra los críticos recordando la estricta regulación y las medidas de protección extremas que se tomaron durante el trabajo. Por lo que pese a ser consciente de los riesgos, cree que en todo momento estos pudieron manejarse y mitigarse de forma efectiva, ya que el experimento tuvo lugar en un laboratorio con el segundo nivel de bioseguridad más alto de los posibles.

Sea como sea, Kawaoka cree que un campo tan sensible como la prevención de pandemias, merece la pena asumir riesgos para llegado el momento, tomar decisiones basadas en el hechos científicos y no en conjeturas.

El estudio, por cierto, mostró que todos los ingredientes necesarios para la aparición de un virus similar al de la mortífera gripe española existen en la naturaleza. Precisamente porque bastan unos pocos cambios en el genoma de este virus aviar (que recordemos muta constantemente, como todos) para poder afectar a humanos, los científicos creen que es importante comprender los mecanismos involucrados en la adaptación entre especies. Si llegamos a entender e identificar las mutaciones claves que permiten al virus saltar de las aves a los humanos, podríamos estar preparados para enfrentarnos a una nueva pandemia.

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El virus recreado en el laboratorio a partir de un virus de la misma familia encontrado en una población de patos salvajes, se logró mediante una técnica llamada "inversión genética". Finalmente, se logró que fuera prácticamente idéntico al de 1918 (similitud del 97%). Por cierto, si aún existe información genética de la cepa original es porque logró recuperarse de cadáveres que permanecieron congelados en cementerios de Alaska desde 1918. (Véase La resurrección de un asesino).

Como comentaba, el trabajo ha recibido muchas críticas de otros científicos, entre los que se cita a Robert Kolter, profesor de microbiología en la Facultad de Medicina de la Universiad de Harvard, para quien:

"Los científicos responsables de este trabajo están tan inmersos en su propia auto-exaltación, que se vuelven ciegos por completo a la irresponsabilidad de sus actos. Sus argumentos a favor de esta clase de trabajos, por ejemplo el de que mejoran nuestras perspectivas de supervivencia, son tan débiles como siempre han sido".

¿Y vosotros qué opináis? ¿Merece la pena el riesgo?

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El trabajo acaba de publicarse en la revista Cell Host & Microbe.

Me enteré leyendo The Independent.