Aumentan las posibilidades de encontrar vida en Europa

Para los mitómanos de la Sci-fi Europa, la luna helada de Júpiter, es algo especial. Tal vez por ello Arthur C. Clarke situase una forma de vida especial en este mundo en su novela "2010: Odisea 2".

Europa hace años que fascina a los astrobiólogos, que imaginan bajo su perenne corteza helada (de decenas de kilómetros de espesor) un océano global de agua salada más voluminoso que la suma de todos los que bañan la Tierra.

Además, Europa, sometida a grandes fuerzas de marea por la excéntrica forma elíptica de su órbita alrededor de Júpiter cuenta por ello también con su propia fuente de calor. El enorme gigante gaseoso vecino estira y encoge la corteza helada de esta Luna a medida que esta se acerca o se aleja de Júpiter. Este fenómeno actúa exactamente igual que si apretásemos y liberásemos una pelota de goma en nuestra mano, como resultado la pelota se calentaría.

Así pues, contamos con agua y calor, dos de los ingredientes necesarios para la vida, pero hace falta algo más para que las esperanzas de los astrobiólogos crezcan. Es necesario que el agua que yace bajo la eterna corteza helada, y la superficie de la Luna expuesta al espacio, se comuniquen de algún modo. Si ese flujo de las sustancias químicas precursoras de la vida, que llegan desde el espacio, el agua podría permanecer demasiado pura, demasiado yerma.

Y esta posibilidad es precisamente la que los científicos de la NASA acaban de anunciarle al mundo. Europa después de todo, podría contar con lagos subterráneos (con masas tan voluminosas como las de los Grandes Lagos de Norteamérica) en la propia corteza helada. Y estos lagos subsuperficiales podrían actuar como un conducto de comunicación entre las profundas aguas sobre las que flota la agrietada corteza helada y la superficie lunar exterior.

De ser cierto el hallazgo, otro de los eslabones necesarios para el advenimiento de la vida (tal cual la conocemos) se daría por tanto en Europa, incitando a los astrobiólogos aún más para la planificación de futuras misiones de exploración de esta prometedora Luna joviana.

El descubrimiento tuvo lugar gracias a los valiosísimos datos obtenidos por la sonda de la NASA Galileo, lanzada en 1989 con destino a Júpiter, mundo en cuya atmósfera se adentró a finales de 1995. Gracias a Galileo inferimos la presencia de un oceáno de agua salada en su interior, ya que la Luna actuaba como conductor de la magnetosfera de Júpiter.

Lo que han anunciado ahora los científicos se basa en las observaciones de unos rasgos presentes en una región de la superficie de Europa llamados "terrenos del caos". Basándose en la experiencia vulcánica en zonas glaciares de la Tierra, los técnicos de la NASA creen que ciertas regiones circulares abovedadas detectadas en Europa podrían indicar la presencia pasada de bolsas líquidas bajo la superficie.

Estas bolsas líquidas subsuperficiales, en forma de lente, irían empujando el hielo sobre ellas a medida que se congelaban, provocando las bóvedas que se observan desde el exterior. Si los científicos están en lo cierto quedaría probado que existen afloramientos de agua líquida desde las profundidades océanicas hacia las alturas. Además, en ocasiones los afloramientos podrían provocar que zonas congeladas de la superficie se colapsaran hacia el interior a causa del calor, conectando de este modo al exterior (bañado por meteoritos y ricos precursores de la vida) con los océanos del interior de Europa.

Así que ya veis, ahora tenemos un nuevo motivo para fijar nuestra vista en esta luna helada de Júpiter. ¿Habrá vida esperando a ser descubierta bajo sus hielos?

Más información en la Nota de prensa de la NASA.

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