¿Alimentarán los virus la batería de tu teléfono?

Cuaderno de Ciencias

Imagina que llega el día en el que aporrear el teclado de tu PC, o la pantalla táctil de tu smartphone, colabora a aportar el voltaje necesario para que el dispositivo funcione. Imagina que el mero hecho de caminar sobre unas baldosas especialmente tratadas ayuda a iluminar la sala por la que paseas. Bien, todo esto podrá ser posible algún día gracias al efecto piezoeléctrico.

No es una tecnología nueva, de hecho fueron los Curie quienes lo observaron por primera vez. En el año 1881 el famoso matrimonio de científicos se dio cuenta de que el cuarzo, cuando se le presionaba, mostraba una polarización de sus cargas.

Debo confesar que a lo largo de estos años he leído múltiples noticias tecnológicas relacionadas con el uso de cristales piezoelécticos para todo tipo de aplicaciones imaginables. Tapas de alcantarilla informativas, por ejemplo.

Pero en todo este tempo la tecnología no ha terminado de dar el salto al mundo real. ¿Por qué? Principalmente porque las cargas obtenidas son ridículamente pequeñas, por la cuantía de los materiales a emplear, y en múltiples ocasiones también por su toxicidad.

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Pero esto podría cambiar por fin gracias al trabajo de un equipo de investigadores del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, en Estados Unidos. Lo que ha hecho esta gente es emplear virus que presentan este fenómeno de la piezoelectricidad en vez de cristales.

La idea es sencilla, los virus se reproducen por millones en muy poco tiempo, así que se puede cubrir con ellos grandes superficies sin apenas esfuerzo. ¿Por que no aprovechar un "producto" que tiene la ventaja de autosuministrarse de forma constante?

Obviamente el virus elegido, llamado M13 es inocuo para las personas. Se trata de un bacteriófago que resulta muy sencillo de manipular genéticamente, y de hecho eso fue lo que hicieron.

Los científicos mejoraron su productividad eléctrica añadiendo aminoácidos cargados negativamente a uno de los dos extremos del virus para lograr que el M13 generase más electricidad, ya que el otro extremo del virus está cargado positivamente, lo cual mejora el flujo eléctrico.

Una vez modificado el M13, cubrieron con él varias láminas de película, y apilaron 20 de ellas en una pieza del tamaño de un sello de correos. Luego intercalaron este sandwich de láminas entre dos electrodos revestidos de oro y conectaron el circuito a una pantalla de cristal líquido.

Tal y como podéis observar en el vídeo superior, cuando uno de los investigadores presionaba las láminas, la pantalla de cristal líquido se encendía mostrando un "1".

La intensidad de la corriente que se obtenía al apretar el generador era de 6 nanoamperios con un potencial de 400 milivoltios (aproximadamente una cuarta parte del voltaje que suministra una batería triple A).

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Ciertamente nada espectacular, pero se trata de un prototipo y estas cifras deberán mejorar mucho. El mero de haber probado con éxito el concepto ya es un gran paso adelante.

Seung-Wuk Lee, científico de la Universidad de Berkeley y profesor de Bioingeniería así lo afirma:

"Se necesita más investigación, pero nuestro trabajo es un primer paso hacia el desarrollo de generadores de energía personales, para su uso en nano-dispositivos, y otros mecanismos basados en la electrónica de virus".

¿Llegará el día en que la suela piezoeléctrica de tus zapatos alimente la batería de tu reproductor de música? Tal vez sí, si los bacteriófagos nos ayudan.

El trabajo se publicó en Nature.

Me enteré leyendo io9.com.