Abismo a la locura, el verdadero precio a pagar por la inteligencia

En algún momento en la historia evolutiva de la vida en este planeta, hace aproximadamente 500 millones de años, un invertebrado marino sufrió un accidente genético que hizo que su ADN registrara copias extras de unos pocos genes responsables de la expresión de ciertas funciones cerebrales.

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Sus descendientes se beneficiaron de esta mutación, que dio lugar a vertebrados con comportamientos más sofisticados, entre los cuales finalmente figuramos nosotros. Pero como dice el viejo refrán, no hay rosa sin espinas... Aquella ventaja evolutiva tenía también su lado oscuro: incrementaba la susceptibilidad a sufrir enfermedades mentales.

Según el equipo de científicos británicos responsables de este trabajo, aquel "accidente evolutivo" terminó por conducir a las habilidades intelectuales propias de los mamíferos y del hombre, aunque como vemos el precio a pagar fue un incremento en la variedad e incidencia de los defectos mentales.

Para comprobar su teoría, los biólogos realizaron pruebas en humanos y ratones en los que evaluaban sus funciones intelectuales de alto nivel. En el estudio se emplearon ratones a los que se les había extraído el conjunto de genes responsables de la inteligencia, los cuales mostraron capacidades intelectuales de menor orden. Humanos y ratones poseen el mismo conjunto de genes - conocidos como Dlg (del inglés 'Discos grandes') - para controlar las funciones mentales de alto nivel.

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La conclusión del trabajo sobre la importancia del papel de este gen Dlg (se estudiaron variedades parálogas de este gen procedentes de cuatro especies de vertebrados y una de invertebrados) se ve además reforzada por estudios con humanos que han perdido o sufrido daños en este conjunto de genes, bien sea por accidentes, mutaciones o defectos de nacimiento.

Puede resultar sorprendente descubrir que el desarollo de la inteligencia de alto nivel también incrementó el rango de posibles enfermedades mentales (así como la probabilidad de padecerlas) pero en el fondo se trata de una ley que cualquier ingeniero o artesano conoce: a mayor complejidad en un sistema, más probabilidades hay de que surjan defectos a la hora de replicarlo.

El artículo, cuyos autores principales son los británicos Timothy J Bussey (Universidad de Edimburgo) y Seth G N Grant (Universidad de Cambridge), acaba de ser publicado en la prestigiosa revista Nature Neuroscience.

Estos mismos autores habían mostrado, en un estudio anterior, que más de 100 enfermedades cerebrales que aquejan a niños y adultos son provocadas por mutaciones genéticas.

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Esperemos que este hallazgo, que nos acerca más a la verdadera raíz de todos los transtornos mentales, nos acerque también al descubrimiento de futuras soluciones a estos males.

Me enteré leyendo Eurekalert.

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