No podemos tolerar que nos hagan sentir culpables por cogernos las 16 semanas de baja de maternidad

Notas a pie de cámara

Querida Mónica,

Tengo 41 años y dos niñas pequeñas. Continúo en edad fértil, aunque sospecho que mis ovocitos empezarán en breve a dar ya señales de cansancio. También tengo un bebé que no me deja dormir por las noches más de un par de horas seguidas –y eso ya es un regalo- y una niña pequeña que empieza tener terrores nocturnos. Así que imagine cómo me arrastro el resto del día.

 

Hay muchas cosas suyas que yo no tengo, señora Oriol. No tengo, por ejemplo, el placer de conocerla, y mire que me gustaría. Me puede la curiosidad. Tampoco tengo a su querida Josefina, nadie que sea “mis manos y mis pies ayudando a criar a mis hijos" hasta que se vayan de casa. Tampoco tuve tres hijos antes de los 21 -ni otros tres más tarde-. Ni una madre que me prestara el dinero para comprar mi propia empresa. O una familia que pudiera enviarme a estudiar a los mejores colegios privados del mundo. “Mi vida es un chollo”, le ha comentado usted alguna vez a sus amigos; “mi equipo, mi familia, mis amigos” son un chollo.

Enhorabuena por todo lo que tiene y por todo lo que ha conseguido.

Pero ya le digo, señora Oriol, que no voy a tolerar que me haga sentir culpable por haberme cogido las 16 semanas de baja de maternidad que me corresponden. Ni usted, ni nadie. 16 semanas de baja –dos veces- en más de veinte años de vida laboral ¿Le parece mucho? Pues es una de las bajas maternales más reducidas de los países del primer mundo. Ya está bien de hacernos sentir culpables a las mujeres. Le aseguro que nosotras solitas ya nos flagelamos constantemente por casi todo.

Señora Oriol, igual que miles de mujeres españolas, yo me he sacado leche sentada en baños asquerosos de trenes, restaurantes y oficinas. También he llevado a mis bebés a reuniones de trabajo, he presentado informativos aguantando el dolor de las contracciones o tras más de veinticuatro horas tirada en las urgencias pediátricas de un hospital. He aprovechado madrugadas en las que todos en casa dormían para sentarme a escribir un nuevo post o esa idea para una columna. Sin que nadie me lo pidiera o exigiera. Sólo porque es mi trabajo y me siento responsable de él. 

No soy una excepción ni una valiente, querida Mónica. Al contrario. Soy una mujer afortunada con un trabajo cómodo físicamente, con un estrés que sé controlar, en una profesión que me apasiona y en una empresa con una especial política de protección a las madres. Pero hoy miles de embarazadas en España trabajan hasta el día del parto limpiando mierda en 'wáteres' ajenos, aguantando las nauseas en atestados vagones de metro en hora punta, llorando porque uno de sus hijos está enfermo y no saben con quién dejarlo ese día, o poníendose fajas para disimular la tripa en el trabajo unas semanas más.

Otras miles de mujeres han vuelto a trabajar con bebés que apenas tenían un mes porque son autónomas y necesitan el dinero, o porque tienen miedo a que sus jefes las despidan o aprovechen su baja para regalar por ahí esos pequeños ascensos que tanto tiempo les ha costado conseguir. Otras han sido despedidas en pleno embarazo, o cuando pidieron una reducción de jornada -y de sueldo- a la que tienen derecho por ley.

 

Querida Mónica, tengo una larga lista de mujeres, madres de niños menores de once años, despedidas por sus empresas. Sí, esas mujeres que usted dice que están blindadas. ¿Cuándo quiere que se las presente? Es muy difícil demostrar que el despido es por estar embarazada o haber sido madre.

3 de cada 10 españolas son despedidas tras ser madres.

Quizá de lo que deberíamos hablar es de por qué poco más de la mitad de las mujeres -el 55%- vuelve a su horario tras la maternidad, (al contrario que el 100% de los hombres tras ser padres). Quizá deberíamos hablar también de por qué esa baja de maternidad que podemos repartirnos con los hombres se reparte tan poco. Y no es sólo que ellos no estén concienciados -que algunos no lo están- sino que algunos aún tienen vergüenza -van a pensar que soy un calzonazos- o miedo -¿y si mi jefe toma represalias?¿y si pierdo puntos para el ascenso? ¿y si me cambian de turno a la vuelta?-. Le contaría historias de hombres temerosos de cogerse los 15 días de baja de paternidad a los que tienen derecho, o directamente aterrorizados al tener que decirle a sus jefes que se van a repartir con sus mujeres las 16 semanas de baja.

La presión y el acoso funcionan hacia ambos sexos. Pero las víctimas solemos ser nosotras porque la sociedad aún es sobre nosotras sobre quienes recaen en mayor medida esas responsabilidades familiares.

Le invito también a leer un extenso informe de la OIT sobre la maternidad en el mundo, que en España describe tácticas de moobing y presión de empleadores hacia embarazadas y madres recientes.

Me dicen amigas comunes que usted es una mujer valiente y luchadora ¿Cómo puedo convencerla para que piense que el resto de mujeres también son –somos- como usted, y no unas frescas y aprovechadas madres que se tumban a la bartola en el trabajo como si no pudieran despedirlas?

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