El retrógrado y peligroso 50 sombras de Grey.

Notas a pie de cámara

 

50 sombras de Grey me asusta. Me asusta mucho. Me asusta que millones de mujeres en todo el mundo compren la idea retrógrada y peligrosa que subyace en su trama.

 

La sumisión sale de la habitación roja.

 

Y sí, he hecho el esfuerzo de leerme el primer libro de la trilogía para poder opinar sobre ella. Y no, no me pidan más, no pienso ver la película. Con los libros he tenido suficiente. No me malinterpreten, no se trata de sexo. Insisto para que no haya dudas. NO SE TRATA DE SEXO. El problema viene cuando los roles que pontifica 50 sombras de Grey se reproducen en el resto de ámbitos de la vida. ..

Veamos: Resulta que una mujer tiene que ser virgen para que se enamore locamente de ella un multimillonario guapísimo. Que no la haya mancillado ningún hombre antes. Que no se haya tocado ni siquiera ella. Casta y pura para entregarse virgen a su amado. La virginidad como ofrenda de pureza al hombre que te poseerá de por vida.

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Él, sin embargo, es un conquistador con decenas de parejas sexuales anteriores, y cuantas más, mejor. Ya saben, una mujer con múltiples parejas sexuales es una puta, un hombre con múltiples parejas sexuales es un macho. La virgen conquista al castigador sexual. Minupunto para ella en esta línea argumental que nos vende la idea del triunfo que supone llevar al altar a un hombre con amplio pasado sexual: cuantas más mujeres haya tenido él en la cama más grande será la medalla para la que se case ¡se case! con él.

Pero sigamos con la trama de la trilogía. Resulta además que él le pone espías para controlar dónde va y con quién (el pretexto, claro, es asegurarse de que no le pase nada a ella). Ohhhh… es que la ama tanto que la quiere proteger. Lo mismo dicen las chicas para justificar que sus novios les espíen Whatsapp o Facebook: lo hace porque me quiere, para que no me meta en líos, lo hace porque le importo.

El control como prueba de amor.

Les recuerdo que la violencia de género comienza así: el maltratador controla a quién ve, cuándo y cómo su pareja. Y va reduciendo el círculo hasta que el mundo de la mujer se limita a él. Incluso en el trabajo, porque recuerden, queridas lectoras, que super-macho-Grey llega a comprar la compañía para la que trabaja su amada.

Seguimos con la primera novela, porque resulta también que él le dice a ella qué tiene que comer –lo hace por su bien, para que se alimente, para que esté sana, pobrecita-. Además le impone una ginecóloga –imaginad que vuestras parejas hacen eso con vosotras- e incluso el método anticonceptivo que tiene que tomar. Y más, más, más.

 

El filme es un cóctel de romanticismo y algo de sexo.

 

Control sin límites disfrazado de amor.

Control sin límites comprado por millones de fans como su historia de amor perfecta. El mito se perpetúa: virginidad y entrega psicológica absoluta al varón. Como si no hubieran pasado los años -perdón, los siglos-.

POST DATA: luego no nos extrañemos cuando uno de cada tres chicos españoles –entre 12 y 24 años- cree que está bien que ellos salgan con muchas chicas, pero no al revés, porque ellas tienen que mantenerse castas y puras. O que uno de cada cuatro esté de acuerdo en que "el hombre que parece agresivo es más atractivo" y que "cuando una mujer es agredida por su marido algo habrá hecho ella para provocarlo". Nuestros hijos. En España. Hoy.

¿No les da miedo?

 

 

 

 

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