Defendamos nuestras tradiciones: el toro de la Vega

Notas a pie de cámara

Defendamos las tradiciones, sí.

Como el Toro de la Vega.

Defendamos algo tan nuestro, tan castellano. Una fiesta que ha pervivido intacta desde la edad media. Defendámosla con pasión, señores, que 500 años de historia nos contemplan. No traicionemos el lugar del que venimos. Defendamos las tradiciones, que ya hemos perdido demasiadas por el camino.

Un hombre subido a un caballo clava una lanza a un toro durante el festival del 'Toro de la Vega', en Tordesillas el 17 de septiember de 2013

¿Recuerdan una que nació casi a la vez que el Toro de la Vega, la -Santa- Inquisición Española, y que quemaba a brujas y herejes con santa alegría? La última bruja –catalana, por cierto- lamió fuego en 1611. Eso sí que era un espectáculo.

También casi a la vez que nuestro Toro de la Vega nacía en España otra tradición que también hemos perdido: tener esclavos. Al principio, nuestra Corona los importaba directamente, a medida que las conquistaba, desde las Canarias, -esos aborígenes que sacrificaban niños durante el solsticio de verano (otra bonita tradición, por cierto)-. Después los trajo de las conquistas africanas, aunque alguna vez tuvo que pedir más existencias a los portugueses. Nos fastidiaron el invento los estadounidenses -¡qué sabran ellos de tradiciones!- y los británicos: presionaron a España tanto -por competencia desleal en la mano de obra, básicamente- que en 1880 Alfonso XII liberó a los últimos 30.000 esclavos –cubanos- que quedaban en territorio español.

Otra tradición interesante: que los médicos no se lavaran las manos antes de atender a un paciente, o de incluso abrirle la tripa. No hace ni 200 años que un joven médico húngaro –adelantándose a Pasteur- acabó con ella, al descubrir que la tasa de mortalidad de las parturientas de su hospital caía en picado si los obstetras se limpiaban las manos en cal clorurada antes de atender el parto –aunque su teoría le costó la reputación y la vida-.

Y, oiga, no son una tradición. Pero puestos a recuperar, recuperemos a magníficos métodos para controlar el crecimiento demográfico como la viruela, la peste negra o la gripe española.

Y olé. Paren el mundo.

¡Santiago y cierra España!