Las vidas que Excalibur podría haber salvado

Carme Chaparro
El perro Excalibur, en el balcón de la vivienda de la sanitaria contagiada de ébola, el 7 de octubre en la ciudad madrileña de Alcorcón
El perro Excalibur, en el balcón de la vivienda de la sanitaria contagiada de ébola, el 7 de octubre en la ciudad madrileña de Alcorcón

Excálibur está muerto. Por precaución. Por evitar cualquier riesgo por muy pequeño que fuera. Por cortar de raíz una posible fuente de contagio. ¿Imaginan que se produce un accidente y Excalibur contagia a una persona? No podíamos correr el más mínimo riesgo, defienden.

Pero no sabemos si Excálibur estaba infectado. Lo hemos sacrificado antes de saber si tenía ébola. ¿Por qué no ponerlo en cuarentena? ¿Para qué matarlo inutilmente?

Pero, dejando de lado las consideraciones morales -¿había que matarlo? ¿no había que matarlo? ¿corríamos el riesgo de dejarlo vivo?- ojalá no tengamos que arrepentirnos de haberlo sacrificado. Porque los expertos apuntan a otra pieza en este complicado puzle: Excálibur podría habernos dado muchas claves sobre el ébola y haber salvado muchas vidas en caso de que se den más casos de ébola en Europa.

Excálibur, el perro sacrificado para prevenir cualquier contagio de ébola.
Excálibur, el perro sacrificado para prevenir cualquier contagio de ébola.

 Excálibur estaba sentenciado a muerte desde que sus dueños ingresaron en el hospital. Un juez dictó la orden de sacrificio, sin saber siquiera si estaba o no infectado. Desinfección de la vivienda y muerte del perro. Sin un análisis que hubiera podido salvarle la vida. Sin tener en cuenta siquiera la opinión de uno de los únicos expertos en el tema.

Eric Leroy es co-autor del único estudio sobre el ébola en los perros. Los datos demuestran que estos animales se contagian, que no presentan síntomas que delaten que están enfermos –es decir, que no desarrollan la enfermedad- y que durante el tiempo en el que tienen el virus activo podrían excretarlo y transmitirlo a los humanos. Podrían. Porque no está comprobado.

Hay muchas dudas, y Excálibur quizá hubiera contribuido a despejarlas.

Primero: ¿se había contagiado Excálibur? No hay nada que pruebe que los perros se contagian de los humanos. En el estudio, en una zona infectada de Gabón, el 32 por ciento de los perros asilvestrados habían contraído el virus, pero los investigadores sospechan que ocurrió porque comieron animales infectados, como simios –los perros eran asilvestrados, no domésticos-. Por eso era tan importante científicamente haber salvado a Excálibur. Era el único perro doméstico del mundo que había tenido contacto con una portadora del ébola, y su estudio hubiera sido importantísimo para saber si estos animales se contagian de los humanos. Enseguida les cuento por qué es tan importante este extremo.

Excálibur con su dueña, infectada de ébola.
Excálibur con su dueña, infectada de ébola.

Segundo: ¿contagian los perros domésticos a los humanos? Todo son sospechas, no se sabe. Cuando se estudió a los perros de Gabón, a ese 32 por ciento de animales que tenían anticuerpos de ébola, no se pudo determinar que hubieran contagiado a ningún humano. De hecho, los únicos contagios de ébola animal-humano demostrados son de “murciélagos, simios e incluso algún antílope”, ha contado el presidente del Consejo General de Veterinaria, Juan José Badiola, a Europa Press. Otros expertos, como el doctor Stephen Korsmann, de la Universida de Cabo Verde, sí que creen que los perros puedan “llegar a contagiar a los humanos con un mordisco o con un lamido", según ha contado a la cadena News24.

Algo que Eric Leroy y sus compañeros no han probado en su estudio. Es más, entrevistado por El País, este experto pedía que no sacrificaran a Excálibur: es importante desde el punto de vista científico”, “hay que aislarlo, hacerle un seguimiento, estudiar sus parámetros biológicos, ver si está infectado y averiguar si excreta virus”. Si hubiera estado contagiado, se hubiera “recuperado, y cuando estuviera curado habría eliminado completamente el virus”.

Quizá hubiéramos aprendido mucho de Excálibur si no lo hubiéramos sacrificado. Porque, imaginen ahora que el ébola se convierte en epidemia en Europa, un continente en el que prácticamente la mitad de los hogares tienen animales de compañía. Y, a día de hoy, no sabemos si los perros se contagian de los humanos. Ni siquiera si los perros con el virus contagian a los humanos.

Cuando el IRD (Institut de Recherche pour le Développement) presentó su estudio sobre ébola y perros en 2005 insistió en que era importante determinar el papel de los perros en brotes de la fiebre del Ébola y tener en cuenta este riesgo en medidas para control de las epidemias.

Pero hemos perdido esa oportunidad. Si hay más casos de ébola en Europa y no sabemos cómo actúa con los perros, ¿qué haremos entonces con ellos? ¿Sacrificarlos a todos?

¿O era un riesgo demasiado grande dejar a Excálibur vivo?