Vacaciones presidenciales

María Rey
Tiene la palabra
12 de agosto de 2013

Elegir el lugar de vacaciones del Presidente y su familia es uno los quebraderos de cabeza del equipo de seguridad de la Moncloa. La mayoría de los Presidentes llegan convencidos de que podrán mantener buena parte de sus sus hábitos familiares, y eso incluye las vacaciones de verano. Rajoy también pretendía ser fiel a su costumbre de pasar algunas semanas del mes de agosto en Sanxenxo. Primero tuvo que renunciar a su apartamento con vistas a la playa y cambiarlo -por su propia seguridad y la de sus vecinos-  por una casa de alquiler. Ahora, con el clima social más tenso de los últimos años, el Presidente sustituye Sanjenjo (17.500 habitantes) por un municipio más pequeño y controlable, Ribadumia (5.000 hab.), en la comarca pontevedresa del Salnés. El lugar elegido es una casa de turismo rural "A casa de Alicia", con 3 dormitorios, zonas comunes y una finca con piscina. Rajoy buscaba un rincón discrecto y tranquilo cerca de su paisajes familiares y su equipo de seguridad un lugar fácil de vigilar.

Los destinos vacacionales de los Presidentes también reflejan la evolución de la sociedad española. Qué lejos queda aquel posado de Aznar, Botella e hijos a las puertas del chalet de Oropesa. Lo que empezó como un gesto para facilitar el trabajo de la prensa, terminó volviéndose en contra del ex presidente y su familia al percibirse los primeros atisbos del exhibicionismo que años después derrocharon en la boda de su hija. Los Aznar solían veranear en un apartamento de Oropesa del Mar (unos 10.000 habitantes) en la provinicia de Castellón pero, en plena ofensiva del terrorismo de ETA, los servicios de seguridad les aconsejaron buscar otro emplazamiento y se mudaron al chalet que les alquiló el dueño de Porcelanosa.

Los préstamos de viviendas o arrendamientos a bajo precio  a los políticos por parte de simpatizantes es bastante frecuente, algunos lo harán por generosidad y otros para conseguir influencia, pero a pesar de ello, casi nunca las vacaciones presidenciales salen gratis ante la opinión pública. Zapatero solía inclinarse por propiedades de Patrimonio Nacional para su descanso. A veces viajaba a Doñana o a Quintos de Mora, las fincas de Patrimonio Nacional que frecuentaron sus predecesores en Moncloa, aunque su favorita era "La Mareta", en Lanzarote. El Rey Huseein de Jordania ordenó construir el chalet en los años 70 pero nunca lo utilizó, sólo uno de sus hijos pasó allí la luna de miel. Años más tarde se la regaló a su amigo el rey Juan Carlos, la familia real pasó allí algunos periodos, de hecho en una de aquellas estancias falleció la madre del Rey. Durante años La Mareta sólo se utilizaba para acoger a mandatarios internacionales como Gorbachov o Helmut Khol. Cuando el socialista Zapatero acondicionó la casa para pasar  las vacaciones con los suyos recibió un buen chaparrón de críticas por las obras realizadas -la mayoría para mejorar la seguridad y las comunicaciones- y por desplazar personal para atenderlo.

Pero el Presidente que más dio que hablar por su "peculiar" elección vacacional fue Felipe González al elegir el Azor -en el verano de 1985- para hacer un viaje con familiares y amigos. Hasta entonces el Azor era para todos los españoles el yate de Franco, al entonces Presidente le sorprendió el revuelo que su excursión provocó en los medios de comunicación. No midió que el barco era un símbolo de una etapa que casi nadie necesitaba recordar. El barco de recreo de Franco estaba sentenciado al olvido y todos los intentos de explotarlo como atractivo turístico se fueron aparcando. Finalmente, hace poco más de un año, el artista Fernando Sánchez Castillo, compró el barco y lo transformó en una escultura minimalista gigante que descansa en una nave del Matadero, el espacio cultural madrileño.

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