¿Qué hacer si un astronauta muere en el espacio?

Icónica foto de Neil Armstrong caminado sobre la luna en 1969, tomada por su compañero Buzz Aldrin. (Crédito: NASA).
Icónica foto de Neil Armstrong caminado sobre la luna en 1969, tomada por su compañero Buzz Aldrin. (Crédito: NASA).

Se cuenta que en 1969, en plena misión Apolo 11, el presidente Nixon contaba con un memorándum que debía leer "en caso de desastre lunar" que tenía un título idéntico (In Event on Moon Disaster). Si Armstrong, Aldrin o Collins pasaban a mejor vida, el presidente de los EE.UU. tenía que tener un discurso preparado, y cuentan que comenzaba con una lacónica frase: "El destino ha querido que los hombres que fueron a la luna a explorarla en paz, vayan a quedarse en ella descansando en paz". Afortunadamente no hubo que leer ese memorándum. Pero ¿qué ocurriría si un hombre muriese en el espacio, y sus compañeros tuvieran que resolver el problema de librarse o convivir con un cadáver? La NASA y otras agencias espaciales ya han pensado en este desagradable escenario, y la solución que sugieren es sumamente sorprendente... y ecológica.

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No sabemos cuándo, pero está claro que más tarde o más temprano la humanidad emprenderá el viaje a Marte, y que este no será sencillo ni exento de peligros. Cuando EE.UU. visitó la luna en 1969 se trató de un viaje de unos pocos días, así que si alguno de los tres históricos tripulantes de la misión Apolo 11 hubiera fallecido, los otros dos podrían haberle introducido en un traje espacial sellado, buscarle acomodo, y entregar su cuerpo a los familiares una vez regresaran a la Tierra. En un viaje a Marte esa solución no es posible, y la cancelación de la misión tampoco.

Ahora mismo, los astronautas suelen permanecer seis meses en la ISS (Scott Kelly es la excepción), y todos pasan unos formidables chequeos médicos antes de visitar la estación, por lo que por fortuna nunca se ha dado el caso de un deceso en órbita. La prevención ha funcionado estupendamente, como vemos. Sin embargo a medida que el viaje espacial se generalice y crezca el número de misiones tripuladas, es cuestión de tiempo que alguien fallezca, dejando a sus compañeros enfrentados al dilema de qué hacer con su cadáver.

El popular Chris Hadfield habló en su libro "Guía del astronauta para vivir en la Tierra" de un ejercicio llamado "simulación de muerte" diseñado para preparar a los astronautas para la pérdida de un colega. En los debates surgidos en aquel ejercicio, quedaba claro que no se podía meter el cuerpo en un traje presurizado y guardar al astronauta en un armario. Tampoco podían lanzar al cadáver hacia la Tierra en una de las naves de suministro como las que se emplean para librarse de la basura, que termina incinerada durante la reentrada atmosférica, ya que sus familiares querrían recibir sus restos mortales y darle a su ser querido la despedida que merece. ¿Pero entonces qué?

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Bosquejo de una body back, la bolsa que se emplearía para liofilizar el cadáver de un astronauta. (Crédito imagen: vice.com).
Bosquejo de una body back, la bolsa que se emplearía para liofilizar el cadáver de un astronauta. (Crédito imagen: vice.com).

Bien, lo cierto es que existe un plan B consistente en una novedosa solución al asunto del tratamiento del cuerpo, y se la debemos a la idea de dos ecologistas suecos llamados Susanne Wiigh-Mäsak y Peter Mäsak. Lo que han hecho ambos es inventar una alternativa a la cremación y al enterramiento llamada “Promession” que parece ser bastante amigable con el medioamiente. Básicamente la técnica consiste en colocar al cadáver del astronauta en un sarcófago flexible llamado Body Back y sacarlo al vacío del espacio para que vaya perdiendo calor corporal y termine por congelarse. Más tarde, un brazo robot haría vibrar el cuerpo durante 15 minutos haciendo que en el poceso se rompiese en mil pedazos.

Posteriormente se izaría el sarcófago, se introduciría en un microondas tamaño ataúd y se calentaría el contenido hasta que se evaporase toda el agua (recordad que el cuerpo de un humano adulto se compone en un 60% de agua). Tras este proceso, lo que queda en el ataúd es una masa de unos 25 kilos de polvo deshidratado. Después, la Body Back se mantiene en el exterior, pegada al casco de la nave, hasta que se aproxime la reentrada en la atmósfera, instante en que vuelve a ser introducida al habitáculo para evitar que se “cocine” su contenido.

Llegado ese momento, solo habría que plegar la bolsa para que ocupase el menor espacio posible y guardarla en un lugar fresco y disimulado para evitar problemas psicológicos al resto de la tripulación. Una vez en la Tierra, los familiares del desventurado podrían recuperar sus restos. Y si dicen que esta técnica fúnebre es amigable con el medio ambiente es porque, al parecer, el “astronauta en polvo” funcionaría estupendamente como compost. ¿Qué mejor final que terminar devolviendo a la naturaleza lo que surgió de ella?

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La imagen de la "Body back" la encontré en vice.com.

Me enteré leyendo Yahoo! news.

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