Las siete situaciones mortales a las que sobrevivió la Vosjod 2

Astronomía para terrícolas
El cosmonauta Alexei Leonov en el evento Starmus 2014 - Imagen Javier Peláez

Nos encontramos en Tenerife, con la ayuda del astrofísico y divulgador Daniel Marín, asistiendo al evento Starmus en el que se están dando cita algunos de los científicos y astronautas más importantes de nuestra época. Junto a Stephen Hawking, Richard Dawkins o Robert Wilson entre muchos otros, también podemos encontrar a algunas de las leyendas vivas de la exploración espacial como Alexei Leonov o Charlie Duke.

Hemos tenido la suerte de pasar algunos minutos con el cosmonauta Alexei Leonov y con nosotros ha vuelto a repasar una de las misiones más increíbles de la Historia.

Nuestra historia comienza a mediados de la década de los años ’60. Los Estados Unidos estaban preparados para lanzar el programa Gemini con el cual pretenden realizar el primer paseo espacial de la Historia. Aún no hemos llegado a la Luna y estas misiones intermedias suponen una verdadera preparación para las próximas misiones Apollo.

 

Escafandra Berkut utilizada por Leonov en la misión - Imagen Daniel Marín

Sin embargo el bloque soviético también se une a esa carrera con un as en la manga: La nave Soyuz que puede albergar hasta tres cosmonautas, mientras que las Gemini tan solo pueden lanzar a dos personas. Pero hay un problema, la Soyuz va con retraso y no estará lista antes que su competidora americana.

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El ingeniero jefe, Sergei Koroliov, decide modificar la nave Vostok (la misma que lanzó a Gagarin y Tereskhova) para llevar a más de un cosmonauta y realizar un paseo espacial, adelantándose así a la NASA. La nueva nave se llamaría Vosjod y hay que decir que algunos de los ayudantes de Koroliov la consideraban ya todo un peligro ya que esas modificaciones impedían incluir un sistema de escape durante el lanzamiento.

Estas modificaciones son importantes en nuestro relato puesto que añaden un elemento novedoso: La nave necesitaba una esclusa inflable para poder salir al espacio exterior. La Vostok ya iba muy apretada y los ingenieros se las apañaron para diseñar una especie de tubo de tela hinchable por la que el cosmonauta pudiera salir.

 

Esclusa hinchable Volga usada para salir al exterior - imagen Daniel Marín

Los “elegidos para la gloria” fueron Pavel Belyayev que sería el comandante de la misión y Alexei Leonov que tendría el honor de convertirse en el primer hombre en salir al espacio.

El lanzamiento de la Vosjod 2 (3KD nº 4) se produjo el 18 de marzo de 1965 desde la secreta base de Baikonur y alcanzó la órbita prevista sin problemas aparentes… por ahora.

Hora y media después del despegue en Tierra, Leonov desplegó la exclusa hinchable y salió al exterior. Solo con este gesto, su nombre ya aparecería en los libros de Historia como el primer hombre en realizar un paseo espacial, tras conseguir flotar durante 12 minutos fuera de la nave.

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Pero esta hazaña no iba a ser tan fácil. Cuando Leonov se disponía a volver a la nave, la escafandra Berkut se infló más de lo esperado y las manos y pies del cosmonauta se salieron de los guantes y botas del traje. No podía volver a entrar en la esclusa. Nos encontramos ante el primer problema grave de la misión: Leonov es ahora mismo una especie de globo, atado a la nave por su tubo de oxígeno, pero incapaz de entrar en la estrecha abertura que daba entrada al interior.

La solución no era fácil. Desobedeciendo las instrucciones de seguridad redujo la presión del traje al mínimo arriesgándose con ello a sufrir una embolia (como los submarinistas) ya que su organismo aún podría albergar nitrógeno del aire respirado en el interior de la nave. Pero funcionó; al disminuir la presión del traje su volumen descendió y ya cabía por el orificio de entrada.

 

Traje espacial Berkut de Leonov - imagen Daniel Marín

Aun así no podía entrar. Su compañero Belyayev sólo podía observar desde el interior las peripecias que Leonov estaba sufriendo fuera.

La siguiente decisión también iba contra los planes iniciales: Como aún no podía entrar tal y como estaba previsto (con los pies por delante), decidió darle la vuelta a la tortilla y entrar de cabeza ayudándose con las manos y lo logró. Pero una vez dentro debería solucionar el siguiente puzle. La escotilla exterior había quedado detrás de él y no podía cerrarla.

Tras un esfuerzo sobrehumano pudo girar sobre sí mismo dentro de la esclusa Volga y cerrar la escotilla exterior. Fue toda una suerte que los ingenieros hubieran diseñado esta esclusa para que fuese flexible y la construyeron de tela. Leonov había vuelto a burlar la muerte y había conseguido entrar en el interior de la cápsula donde le esperaba Belyayev.

Lo habían conseguido. Se disponían ahora a regresar a la Tierra cuando se dieron cuenta de que en el habitáculo el volumen de oxígeno puro comenzaba a subir de manera inexplicable. Esta situación volvía a ponerles en peligro puesto que el oxígeno en este estado es altamente inflamable. Es más, esta fue la misma causa que terminaría con la vida de la tripulación del Apollo 1 dos años más tarde, cuando un incendio los calcinó encerrados en la cápsula.

No podían hacer nada salvo esperar que en la reentrada no hubiera más fallos. No podía haber nada más: una chispa o un pequeño cortocircuito y la Vosjod 2 se incendiaría al instante.

¿Creéis que esto es suficiente? Pues aún queda más. El motor de encendido responsable de la reentrada a la Tierra tampoco funcionó como estaba previsto y los astronautas tuvieron que accionarlo manualmente una hora más tarde lo que derivó que terminaran aterrizando 385 kilómetros más lejos del lugar en el que se suponía que debían regresar.

No terminan aquí los problemas de nuestros protagonistas puesto que la zona donde terminaron aterrizando resultó siendo un espeso bosque en medio de la taiga rusa. Las misiones de rescate lo iban a tener muy difícil para llegar hasta ellos.

Las temperaturas bajo cero de estas fechas en Rusia, los trajes empapados en sudor y la imposibilidad de rescate en varios días fueron nuevos factores imprevistos a los que tendrían que enfrentarse.

Se preparaban para afrontar su primera noche en el gélido bosque cuando de la espesura surgió su siguiente problema. Aún temblorosos y empapados, salieron a la superficie para escuchar los amenazadores aullidos de una manada de lobos hambrientos.

Con la tela interior de las escafandras y con retazos de los paracaídas consiguieron abrigarse un poco y salir indemnes de la primera noche.

La misión de rescate los había localizado pero no podían acceder a ellos en helicóptero por la espesura en la que habían aterrizado. Les lanzaron algunos víveres desde el aire pero el grueso del rescate no llegaría hasta el tercer día.

Por fin, a la mañana del 21 de marzo los cosmonautas contemplaron con alivio cómo un grupo de esquiadores llegaba a su rescate. Habían salido con vida de una de las misiones más heroicas y complicadas de toda la carrera espacial.

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