El disco de oro más valioso no se lo dieron a un cantante

Las míticas sondas Voyager lanzadas por la NASA a finales de los 70 siguen adentrándose en el espacio interestelar de forma lenta pero segura. Digo lenta para los estándares manejados por la ciencia ficción, donde las naves viajan a velocidades próximas a la de la luz, pero en realidad la Voyager 1 viaja a 62.500 km/h, velocidad nada despreciable para los estándares terrestres a día de hoy.

[Relacionado: ¿Ha llegado la Voyager 1 al límite de nuestro sistema solar?]

En la actualidad la Voyager 1 es el objeto fabricado por el hombre más distante de la Tierra. La Voyager 2, que viaja a 14,8 km/s tardará 193.000 años en llegar a la estrella Ross 248, a pesar de que está a "solo" 10,3 años luz (la octava estrella más cercana a nuestro sol).

Sin embargo hoy os quiero hablar de la carga que estas sondas gemelas llevan sobre su casco, el conocido como "disco de oro", aunque en realidad se trata de un disco de 12 pulgadas de cobre bañado en oro.

En la década de los 70, el famoso astrónomo Carl Sagan presidía un comité científico que a sabiendas de que ambas sondas abandonarían con el tiempo nuestro sistema solar, quisieron dotarlas de un saludo de la humanidad a cualquier ser inteligente que se cruzara con su camino.

Sagan, acompañado de su ayudante Frank Drake, pidió al entonces secretario general de la ONU Kurt Waldheim que grabara un mensaje en inglés para encabezar los contenidos sonoros del disco. Luego hizo lo mismo con el presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter.

Los discos contenían además 116 imágenes seleccionadas por el comité, y que trataban de ser representativas de la actividad humana en la Tierra. Entre aquellas imágenes, figura la de un pescador ibérico (probablemente español) cocinando peces frescos sobre una parrilla a la vera de un puerto.

Aquel joven pescador, que hoy debe rondar los 70 años, seguramente no es consciente de que una captura de su pasado, publicada inicialmente en un libro de cocina dedicado al arte culinario de España y Portugal, viaja por el espacio camino de las estrellas.

También podemos encontrar en el disco saludos en 55 idiomas, y piezas del folclore de casi todas las regiones del planeta. Además de una canción de boda peruana grabada en idioma Quechua, también se incluye una grabación de la canción mexicana "El Cascabel", interpretada por Lorenzo Barcelata y el Mariachi México.

Además, el disco cuenta con una selección de sonidos naturales como el del viento, una tormenta, pájaros, ballenas y otros animales.

[Podría interesarte: Motor de magnetoplasma, nuestra mejor baza para viajar a las estrellas]

Para facilitar la reproducción del disco, y la obtención de la información que contiene, este tiene un mensaje en código binario en el que se muestra la forma correcta de reproducir el disco, incluyendo las 3,6 revoluciones por minuto a las que este debe girar.

Se envía también información sobre el formato de las fotografías, que cuentan con 512 líneas verticales, y un pequeño ratio de conversión. Finalmente, se especifica a esos seres extraterrestres hipotéticos, la situación del sistema solar con respecto a 14 púlsares cercanos, y un símbolo del átomo de hidrógeno, el elemento más común del universo.

Existe mucha información sobre este disco, también conocido como "The sounds of Earth" (los sonidos de la Tierra). Entre ellos destaco la web Goldenrecord.org.

Cualquier ser inteligente será capaz de descifrar las instrucciones que el propio disco contiene, obteniendo los primeros datos sobre cultura humana. Frank Drake, por ejemplo, incluyó una sencilla tabla en la que se establecía la equivalencia entre el código binario y nuestra numeración decimal. También incluyó datos sobre la órbita de nuestro planeta, estableciendo los valores de nuestro segundo, día y año.

Jon Lomberg, otro de los integrantes del comité, incluyó información sobre la estructura del ADN. Así mismo, se envió al espacio imágenes de anatomía humana, incluyendo de nuestro sistema reproductor, e incluso fotos de la concepción y de fetos humanos en pleno desarrollo.

Basándose en este envío de preciosa información comunicación humana, el propio Carl Sagan imaginaría años más tarde en su novela Contact, el descubrimiento por nuestra especie del mensaje de una civilización extraterrestre más avanzada.

Sagan consideraba el disco más como una "cápsula del tiempo" que como un intento de comunicación extraterrestre, y lo cierto es que es mucho más probable que seamos nosotros mismos los humanos, quienes en un futuro recuperemos ambas sondas antes de que lleguen a las proximidades de las estrellas vecinas.

Entre las leyendas que rodean al disco está el de la grabación del sonido de un beso. Se dice que Sagan, que por entonces estaba casado con su segunda esposa Linda Salzman, autora del dibujo de las placas que las sondas Pioneer 10 y 11 llevaban pegadas, grabó el beso con quien por entonces era su amor ilegítimo, Ann Druyan, que terminaría siendo su tercera y última esposa.

[Relacionado: ¿Cómo llegar a las estrellas con naves sin motor?]

Si es verdad o no, probablemente nunca lo sabremos. Ni nosotros, ni el improbable ET que se dé de bruces un día con uno de esos míticos discos dorados que surcan el espacio a una distancia de 14 horas luz de nuestro sol.

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente