Detectan por primera vez la luz de un exoplaneta rocoso

Miguel Artime
Astronomía para terrícolas

Cuando la NASA comenzó a planificar la fabricación de un telescopio que escudriñara el cielo en el espectro del infrarrojo, los astrónomos no habían descubierto aún ningún planeta fuera de nuestro sistema solar. Sin embargo, de aquel proyecto surgió el Telescopio Espacial Spitzer, lanzado al espacio en 2003, y aunque no estaba entre sus cometidos iniciales, este dispositivo acaba de hacer historia al detectar directamente la radiación del primer exoplaneta rocoso.

Se trata del planeta 55 Cancri e, descubierto inicialmente en 2004 orbitando alrededor de una estrella situada a 41 años luz de la Tierra.

55 Cancri e tiene un diámetro que dobla al de la Tierra y su masa multiplica por 8 a la de nuestro planeta azul. Un día en aquel mundo dura 18 horas, y se encuentra tan próximo a su estrella madre (26 veces más cerca que la distancia que separa a Mercurio de nuestro propio sol) que se le ha descartado como candidato para albergar vida.

Que el telescopio Spitzer haya podido detectar la radiación infrarroja de este planeta es todo un logro, habida cuenta de la cercanía a su cegadora estrella. Gracias a ello los científicos están dando sus primeros pasos en el estudio de atmósferas de exoplanetas, una tarea para la que resultará crucial el próximo telescopio espacial James Webb, cuyo lanzamiento al espacio se espera para el 2018.

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Spitzer ya había detectado anteriormente la luz infrarroja de un exoplaneta en 2005, pero en aquella ocasión se trataba de un gigante gaseoso mucho mayor que 55 Cancri e, lo cual hizo más "sencillo" su observación.

Desde el descubrimiento de 55 Cancri e, los astrónomos han venido aprendiendo más y más sobre este extraño mundo. Saben por ejemplo que forma parte de un sistema solar alienígena en el que se han detectado 5 planetas, cuya estrella madre se ubica en la constelación Cáncer.

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La temperatura en este mundo es tan caliente, que la cara que da directamente al sol alcanza los 1.726 grados Celsius. La ausencia de atmósfera hace que probablemente la cara oculta carezca de fuentes de calor.

Otro de los extraños rasgos de este planeta es que cuenta con agua, pero las enormes presiones y temperaturas a las que se ve sometido la convierten en un fluido supercrítico. Podemos imaginar a este agua como un gas licuado. En la Tierra solo se puede observar agua en este estado en el interior de algunos motores a vapor.

Probablemente este mundo rocoso esté cubierto de una capa de vapor situada por encima del agua en estado de fluido supercrítico.

Tal y como cuenta el líder del equipo de investigadores, Michaël Gillon de la Universidad de Lieja en Bélgica: "Podría ser muy similar a Neptuno, si lo arrancásemos de su órbita actual y lo acercásemos tanto al sol como para hacer hervir su atmófera".

Cabe esperar que el Spitzer siga sorprendiéndonos, aportando datos valiosísimos sobre más y más exoplanetas. La ciencia que estudia las características físicas de otros mundo no ha hecho sino nacer.

Me enteré leyendo Fox news.

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