Arte secreto

San Pedro de la Nave, el templo visigodo que se salvó de las aguas

Vista exterior de la iglesia de San Pedro de la Nave | Crédito: Flickr! - Jacilluch (Licencia CC)

Hasta hace poco más de cien años, en abril de 1912, la iglesia visigoda de San Pedro de la Nave (Zamora), ubicada a orillas del río Esla, languidecía prácticamente abandonada y corría el riesgo de desaparecer fruto del deterioro producido por el paso del tiempo y la dejadez de las instituciones de la época.

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Por suerte, algunos años antes –en 1904, concretamente– el arqueólogo e historiador granadino Manuel Gómez Moreno se había hecho eco de su existencia, advirtiendo de su notable importancia artística en el Catálogo Monumental de Zamora.

En aquellas escasas nueve páginas, Gómez Moreno no sólo acertaba plenamente al apuntar a un origen visigodo del templo y señalar a los años finales del siglo VII como inicio de su construcción, sino que destacaba la belleza y originalidad de la decoración interior.

Aunque aquel catálogo del patrimonio zamorano no vio la luz hasta el año 1927, algunas de sus páginas –entre ellas las referidas a San Pedro de la Nave–, llegaron a las manos del destacado arqueólogo José Ramón Mélida, quien acabaría redactando un detallado informe solicitando la declaración del templo como Monumento Nacional.

Gracias al favorable informe de Mélida, la concesión de aquel reconocimiento no tardó en llegar, pues el 22 de abril del citado año de 1912, el ministro de instrucción pública y bellas artes, don Santiago Alba Bonifaz (quien curiosamente era zamorano), otorgó el preciado título a San Pedro de la Nave.

Aquel reconocimiento oficial rescató al templo visigodo del olvido y quizá evitó que sufriera el expolio al que se vieron sometidos en aquellas fechas otros valiosos templos (algunos de ellos, también declarados Monumento Nacional, no lograron escapar a la rapiña, como sucedió con la ermita soriana de San Baudelio de Berlanga).

Una vista del interior del templo en la actualidad | Crédito: Wikipedia.

El sobrio y hermoso templo zamorano, sin embargo, aún no estaba fuera de peligro. Algunos años después, a comienzos de 1930, la Sociedad Saltos del Duero comenzó los trabajos de construcción, a escasos kilómetros de la iglesia, de la presa de Ricobayo. Por su ubicación junto a las aguas del río Esla, la iglesia de San Pedro iba a quedar, si nada lo remediaba, sumergida bajo las aguas del nuevo embalse.

Afortunadamente, y gracias de nuevo a la labor –entre otros– del incansable Manuel Gómez Moreno, las autoridades decidieron salvar al templo visigodo de las aguas, ordenándose el traslado de la iglesia a otra ubicación cercana, concretamente al pueblo de El Campillo, a poco más de veinte kilómetros de la ciudad de Zamora.

Así fue como, durante dos años –desde octubre de 1930 hasta 1932– un equipo dirigido por el arquitecto y conservador Alejandro Ferrant Vázquez desmontó el edificio piedra a piedra, volviéndolo a levantar en su nueva ubicación.

Los trabajos siguieron un criterio de conservación sumamente moderno para la época, numerándose todos y cada uno de los sillares del edificio para su posterior colocación, e incluso se aprovechó el proceso para realizar una restauración en toda regla, gracias a la cual el templo goza hoy de un aspecto magnífico.

La labor de Ferrant y su equipo fue tan meritoria que todavía hoy los actuales historiadores del arte alaban aquella restauración, realmente avanzada para su época y que acabaría suponiendo un precedente de gran importancia en actuaciones similares en el futuro.

Una imagen del templo antes de su traslado en 1930.

Por otra parte, las obras para desmantelar el templo hasta sus cimientos sacó a la luz algunas sorpresas de gran interés arqueológico, como el hallazgo de varias estelas funerarias de época romana que se habían reutilizado en la construcción de la iglesia, y que hoy se conservan en el Museo Provincial de Zamora.

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Así, gracias al trabajo de Ferrant y al tesón de hombres como Gómez Moreno, la iglesia de San Pedro de la Nave vive hoy una segunda etapa de esplendor, permitiéndonos disfrutar de uno de los escasos recintos de época visigoda que sobrevivieron a la invasión musulmana y al deterioro causado por el paso del tiempo.

[Fuentes: ‘La Opinión de Zamora’, ‘R&R: Restauración y Rehabilitación’, blog ‘Historias con Historia’]