Arte secreto

Nascendo Morimur: la muerte que acecha desde la cuna

'Nascendo Morimur' tallado en marfil | Crédito: Wikipedia.Durante los siglos XVI y XVII se hizo habitual entre los artistas de toda Europa (y especialmente en Alemania y los Países Bajos) la representación en pinturas, grabados y esculturas de un tema tan singular como macabro: niños pequeños acompañados de calaveras.

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En buena parte de los casos, estos niños –con los rasgos y características de los populares ‘putti’– aparecían plácidamente dormidos, a menudo apoyados en los tétricos cráneos y acompañados de alguna cartela o inscripción con el lema latino ‘Nascendo Morimur’.

Aunque sin duda singular, el tema no es más que una variación de otras ‘Vanitas’ o ‘Mementos Mori’, es decir, recordatorios de la fragilidad de la vida y la inevitabilidad de la muerte, en esta ocasión haciendo hincapié en la idea de que la muerte nos acompaña desde el nacimiento, como indica ese lema latino de ‘Nascendo…’, que viene a significar, literalmente, “Naciendo morimos”.

En otras ocasiones –las menos–, estos niños representados junto a calaveras van acompañados también de otros elementos como por ejemplo, pompas de jabón –un símbolo de la fragilidad de la vida– o relojes de arena –recordatorio de la brevedad de la existencia–.

El tema, que hoy puede resultarnos un tanto sorprendente, alcanzó una gran popularidad en la época, sobrepasando los límites de las bellas artes y apareciendo también en la literatura. El propio Francisco de Quevedo, por ejemplo, reflexionaba sobre la estrecha relación entre nacimiento y muerte en su obra ‘La cuna y la sepultura’ (1634).

'Niño Jesús dormido sobre la cruz', de Murillo | Crédito: Graves Gallery.Tanto el lema ‘Nascendo Morimur’ como otros similares habían sido empleados por autores clásicos como Séneca o Manilio, quienes también reflexionaron acerca de la idea de la proximidad entre nacimiento y muerte, de modo que no extraña que los artistas de los siglos XVI y XVII los recuperaran para estas representaciones.

Desde un prisma cristiano, la identificación entre la cuna (el nacimiento) y la sepultura (la muerte) arrojaba un mensaje claro: la cuna nos recuerda ya a la tumba, pues desde que nacemos comenzamos a morir, en una cuenta atrás sin remedio; por otra parte, la tumba ni es sino una especie de cuna de la vida que nos espera tras la muerte (la resurrección).

Aunque la mayor parte de los ejemplos más notables de este tipo de iconografía corresponden a grabados y pinturas flamencos y alemanes –pues fue allí donde el tema gozó de mayor éxito–, en España contamos también con algunas muestras interesantes.

Es el caso, por ejemplo, de dos pinturas anónimas que se encuentran en la ermita soriana de San Saturio, y que cuentan con el ya citado lema latino de ‘Nascendo Morimur’.

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El pintor sevillano Murillo también empleó el lenguaje de estas particulares ‘vanitas’, en su caso con un tema claramente cristiano, como ocurre en su ‘Niño Jesús dormido sobre la cruz’, hoy en un museo de Sheffield (Gran Bretaña).

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