Arte secreto

Madonna de Senigallia, la última pintura de Piero della Francesca

Palacio Ducal de Urbino | Crédito: Wikipedia.

Poco después de la medianoche del 5 de febrero de 1975, varios hombres se encaramaron al andamio que rodeaba una de las fachadas del Palazzo Ducale de Urbino, sede de la Galleria Nazionale delle Marche, y accedieron a su interior a través de las ventanas de los pisos superiores.

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Una vez en las dependencias del museo, los sigilosos ladrones separaron de sus marcos tres pinturas de valor incalculable: un retrato de una dama realizado por Rafael, y dos pinturas de Piero della Francesca: ‘La flagelación de Cristo’ y la llamada ‘Madonna de Senigallia’.

Cuando los guardias de seguridad –que hacían sus rondas cada dos horas– descubrieron lo ocurrido, los ladrones habían escapado llevándose consigo las valiosas e irremplazables obras de arte.

Aquella acción criminal, que durante mucho tiempo fue recordada por la prensa como “el robo del siglo”, mantuvo en vilo a los expertos en arte pero, sobre todo, a un equipo especial de los carabineros dedicado a la recuperación de obras de arte robadas.

Durante un año, la Policía italiana persiguió en vano a los autores del audaz robo, hasta que finalmente la pista ofrecida por un anticuario romano condujo a los carabineros hasta el paradero de las pinturas, ocultas en Suiza.

'Retrato de una joven', de Rafael, otra de las pinturas robadas | Crédito: Wikipedia.Allí, los policías italianos se hicieron pasar por acaudalados compradores de arte, y llegaron a cerrar un trato con los ladrones, aunque la venta nunca llegó a celebrarse. Identificados los autores del robo, los carabinieri registraron un hotel de Locarno y localizaron las obras robadas, deteniendo a varias personas. Unos días más tarde, a finales de marzo de 1976, las pinturas estaban de vuelta a su legítimo hogar.

La detención de los autores del robo supuso uno de los mayores éxitos del equipo especial de arte de los carabineros (en activo desde 1969), pero además sirvió para popularizar la que los expertos consideran que puede ser la última pintura acabada por los pinceles de Piero della Francesca: la Madonna de Senigallia, una obra cuyos orígenes exactos todavía están por determinar.

La primera vez que se tuvo constancia de la obra fue en las primeras décadas del siglo XIX, cuando se descubrió su existencia en la iglesia de Santa Maria della Grazie de Senigallia –de ahí su nombre–, una localidad próxima a Urbino. Desde allí se trasladó a su ubicación actual, el Palacio de Urbino, donde tiene su sede el Museo Nazionale delle Marche.

Pese a los numerosos estudios que se han realizado a la obra –incluyendo una restauración más o menos reciente, realizada en 1990–, los historiadores del arte todavía no saben con exactitud en qué fecha se creó la obra, ni tampoco los detalles concretos sobre su encargo.

Los expertos creen que la pintura –un óleo sobre tabla de dimensiones modestas, unos 60 por 55 centímetros aproximadamente– fue realizada entre los años 1470 y 1485 (un margen demasiado amplio), pero las hipótesis sobre quién la encargó exactamente son variadas.

El pequeño tamaño de la obra indica claramente que fue realizada con la finalidad de ser empleada para la devoción privada, y los estudiosos apuntan a dos posibles encargantes: o bien el poderoso Federico de Montefeltro o, por el contrario, su hija Giovanna Feltria y el esposo de esta, Giovanni della Rovere (sobrino del papa Sixto IV).

'Madonna de Senigallia', de Piero della Francesca | Crédito: Wikipedia.

Los jóvenes habían contraído matrimonio en 1474, así que es posible –en opinión de los historiadores–, que encargaran a Piero della Francesca que realizara la hermosa tabla de la Virgen con motivo de la boda. Además, ese mismo año el pontífice les había entregado el señorío de Senigallia –otro motivo de celebración–, al tiempo que hacía la propio otorgando el ducado de Urbino a Montefeltro.

Otros autores, sin embargo, consideran que pudo haber sido este último quien regalase la pintura a su hija, pero no como presente de boda, sino como un regalo realizado en su lecho de muerte, y por tanto la madonna habría sido pintada en los primeros años de la década de 1480.

Una última corriente de pensamiento propone una tercera hipótesis, en la que también se apunta a Montefeltro como el auténtico encargante de la obra (el artista ya había realizado varias pinturas para el señor de Urbino). Según esta propuesta, el duque habría encargado la tabla a Piero della Francesca como recuerdo de la muerte de su amada esposa, Battista Sforza.

Una posibilidad que parece reforzada por la lectura iconográfica de la pintura, relacionada con la idea de luto, pues en ella se alude simbólicamente a la pasión y muerte de Cristo. Ese es el significado del sudario que cubre parte del cuerpo del niño Jesús, así como del collar de coral rojo (símbolo de la sangre) que lleva colgando del pecho, y del relieve de un pebetero que se observa en la pared.

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De este modo, la pintura sería una muestra de luto por la muerte de Battista Sforza, pero también un recuerdo esperanzado de que, al igual que Cristo, su amada esposa disfrutaría de la resurrección en el reino de los cielos.

(Fuentes: Art Daily, MFA Artery)

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