Arte secreto

El palacio veneciano de Napoleón recupera su antiguo esplendor

Vista aérea del 'Ala Napoleónica' y la Procuraduría Vieja (derecha) | Crédito: Wikipedia.

Entre las numerosas y exquisitas muestras de arte que atesora la veneciana plaza de San Marcos destacan la basílica que le da nombre, la torre dell’Orologio o el igualmente célebre Palazzo Ducale. Sin embargo, otros edificios menos conocidos cuentan también con un interés histórico y artístico muy notable.

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Ese es el caso, por ejemplo, de la construcción conocida como Ala Napoleónica, que se encuentra justo enfrente de la fachada principal de la basílica, en el extremo más alejado de la plaza.

El origen de este edificio se remonta al año 1806, fecha en la que se ideó su construcción después de que Napoleón crease el Reino de Italia y se autoproclamase rey del mismo, con su hijo adoptivo, Eugène de Beauhamais, ejerciendo como virrey.

Hasta aquel entonces la plaza contaba con las llamadas Procuradurías –dos edificios ubicados en el lado norte y sur respectivamente–, así que el todopoderoso corso decidió reutilizar una de ellas –la Procuraduría Nueva– y construir un nuevo edificio –el Ala Napoleónica– para instalar allí las dependencias administrativas imperiales y sus apartamentos privados para alojarse cuando acudiera a la ciudad de los canales.

El emperador nunca llegó a utilizar aquellos lujosos y exquisitos apartamentos, y tras su derrota en 1814 el edificio fue pasando de manos, hasta acabar en propiedad del emperador Francisco José I de Austria y su esposa, la famosísima ‘Sissí’.

A diferencia de Napoleón, Sissí y su marido sí usaron aquellas dependencias –en concreto nueve habitaciones–, la primera vez durante una estancia de 38 días en la ciudad en el año 1856.

Después, la emperatriz –inmortalizada en el cine por las películas de Ernst Marischka– se alojó allí varios meses entre 1861 y 1862, y décadas más tarde –en 1895– visitó el palacio por última vez, cuando tomó el té con el rey Humberto I (entonces nuevo propietario del edificio) durante una escala en barco mientras se dirigía a Corfú.

En la actualidad buena parte del Ala Napoleónica acoge al Museo Correr, pero los apartamentos imperiales habían quedado en desuso y abandono desde hace casi un siglo, entre otras cosas por el escaso aprecio que los venecianos siguen teniendo a las figuras de Napoleón y de Sissí.

El emperador francés fue recordado durante mucho tiempo como el responsable de la caída de la, hasta entonces, poderosa República de Venecia, así como el saqueador de no pocas riquezas de la ciudad, como los famosos caballos de San Marcos, que se llevó a París, donde estuvieron hasta 1815.

Por su parte, la emperatriz también era vista como un símbolo de la dominación austríaca de la ciudad. Si a esto añadimos que entre los últimos usuarios del recinto se cuentan los dictadores Benito Mussolini y Adolf Hitler –que se reunieron allí en junio de 1934–, no resulta extraño que los venecianos no pusieran demasiado empeño en conservar aquellas dependencias.

Por suerte, en los últimos doce años los apartamentos imperiales han sido sometidos a una cuidadosa restauración, financiada por el Comité Francés para la Salvaguarda de Venecia, y el pasado mes de julio se inauguraron y se abrieron al público.

Gracias a los trabajos de restauración –cuyo coste ascendió a 2,5 millones de euros–, los visitantes pueden contemplar las nueve estancias que fueron utilizadas por Sissí, y en las que se encuentran piezas como su tocador personal, decorado con imágenes de alegorías y motivos vegetales, o las destacadas pinturas de Giuseppe Borsato.

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Todavía quedan otras cuatro habitaciones por rehabilitar, una tarea que los responsables de la conservación del edificio esperan se concluya parcialmente en la primavera de 2013, gracias a la aportación económica de un inversor privado. Para entonces, el esplendor de los apartamentos de Napoleón habrá vuelto casi por completo a su estado original.