Arte secreto

Aquiropitas: obras de arte “celestiales”

Abgar sosteniendo el mandylion | Crédito: Wikipedia.A lo largo de la Historia, los fieles han venerado obras de arte cuyo origen no se atribuye a artistas humanos sino a manos “celestiales”. Muchas de estas imágenes, denominadas ‘aquiropitas’ (del griego ‘acheiropoiéton’, “no hecha por mano del hombre”) constituyen aún hoy objetos de adoración religiosa que mueven a millones de personas.

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Las imágenes aquiropitas se hicieron especialmente populares en el arte bizantino (llegaron a jugar un papel importante en el origen de la crisis iconoclasta), y por lo general están acompañadas de tradiciones que les atribuyen milagros y otros portentos.

Una de las primeras menciones a estas obras “milagrosas” aparece en la ‘Historia Eclesiástica’ de Eusebio de Cesarea, un texto del siglo IV sobre los primeros tiempos del cristianismo. El libro recoge una curiosa tradición piadosa que tenía a un milagroso retrato de Cristo como elemento principal.

Según Eusebio, en el archivo de la ciudad de Edessa (actual Urfa, en Turquía) descubrió dos cartas escritas en siríaco. El autor de una de ellas era el príncipe de Edessa, Abgar Ukhama, mientras que la respuesta a esta misiva estaba escrita por el mismísimo Jesús de Nazaret.

En su carta, el príncipe Abgar pedía ayuda a Cristo, pues había oído hablar de sus milagrosas curaciones y deseaba que le sanara de la lepra que le aquejaba. Según la tradición, la carta llegó a su destino, y Cristo la contestó rápidamente, asegurando al príncipe de Edessa que le sanaría como recompensa por la fe que había mostrado.

Cristo cumplió su promesa y envió a Judas Tadeo a Edessa, quien llevó consigo un lienzo en el que Jesús se había secado el rostro, apareciendo de manera milagrosa la Santa Faz. Cuando Tadeo puso sus manos sobre Abgar, éste sanó de inmediato.

Este sería el origen del llamado ‘mandylion’ (así sería conocido con posterioridad el lienzo), una reliquia muy venerada durante siglos, y especialmente en Constantinopla, donde dio origen a un oficio que sigue celebrándose cada 16 de agosto.

Representación del mandylion en el fresco de una iglesia griega | Crédito: mpouloubassis.blogspot.fr

Tras distintos avatares históricos –entre ellos varias batallas contra los persas, ya que fue usado como estandarte debido a sus supuestas propiedades milagrosas– el ‘mandylion’ se perdió coincidiendo con la llegada de las tropas cruzadas que saquearon la capital del Imperio Bizantino en el año 1024.

Hoy en día varias imágenes se disputan el privilegio de ser el “verdadero mandylion”. Para algunos fieles se trata de la Santa Faz de Génova, una imagen que se conserva desde el siglo XIV en la iglesia de San Bartolomé de los Armenios.

Otra “candidata” –un icono bizantino que llegó a Italia en 1250 y que a finales del siglo XVI era venerada como “el rostro de Edessa”– se encuentra en dependencias vaticanas, concretamente en el oratorio privado del pontífice.

No han faltado tampoco quienes han querido ver en las tradiciones sobre el ‘mandylion’ una prueba de la veracidad de la célebre Sábana Santa de Turín o del Sudario de Oviedo, pues para algunos sindonólogos –estudiosos de estas reliquias– se trataría de la misma pieza.

El ‘mandylion’ no es la única imagen aquiropita que se menciona en las tradiciones cristianas. La imagen de la ‘Verónica’ es, sin duda, mucho más conocida a nivel popular que el ‘mandylion’, y actualmente diferentes “copias” se veneran en iglesias de todo el mundo.

Estatua de Santa Verónica con el velo milagroso, en San Pedro del Vaticano | Crédito: …Según la tradición, una matrona romana se apiadó de Jesús durante su subida al Calvario y, tras abrirse paso entre la multitud, se acercó a él y le enjugó el rostro con un velo de lino. Fue entonces cuando la faz de Cristo quedó milagrosamente impresa en la tela.

Al igual que sucede con el ‘mandylion’, distintos santuarios de todo el mundo dicen estar en posesión del verdadero lienzo. En España, por ejemplo, son muy conocidos el Santo Rostro de la catedral de Jaén o la Santa Faz de Alicante.

Otra de estas ‘verónicas’ se custodia en la basílica del San Pedro del Vaticano, donde se encuentra desde 1641. La tradición asegura que llegó a Roma tras la muerte de Cristo y que el mismísimo emperador Tiberio se curó de la lepra que desfiguraba su rostro –al igual que Agbar–, al tocar la milagrosa tela.

También en Roma, en este caso frente a la basílica de san Juan de Letrán, se conserva otra imagen aquiropita. La obra está en el ‘sancta sanctorum’ ubicado al final de la llamada Scala Santa (Escalera Santa), un conjunto de 28 escalones de mármol blanco que, según la tradición, pisó Jesús cuando fue llevado ante Pilatos.

Según la tradición esta pintura la comenzó San Lucas –el santo patrón de los pintores–, y fue terminada por los ángeles. Este icono llegó a Roma en el siglo VIII y aún hoy el Papa acude a orar a la Scala Santa –una vez al año– ante este Cristo ‘acheiropoiéton’.

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Aunque la mayoría de las imágenes aquiropitas representan la faz de Cristo, también existen varias imágenes de la Virgen a las que se atribuye un origen sobrenatural. Es el caso, por ejemplo, de la célebre Virgen de Guadalupe cuya imagen supuestamente milagrosa se venera en la basílica que lleva su nombre, en la capital mexicana.

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