Una araña le fabrica el nido a su parásito

J Toledo
Fotograf&amp;iacute;a de la ara&amp;ntilde;a parasitada en su red, con la larva de avispa adosada a su cuerpo.<br /><br />Imagen cortes&amp;iacute;a de la Universidad de Kobe
Fotografía de la araña parasitada en su red, con la larva de avispa adosada a su cuerpo.

Imagen cortesía de la Universidad de Kobe

Que un parásito viva a tu costa ya es suficientemente malo. Pero que, encima, cambie tu manera de comportarte para su beneficio, es incluso peor. Y aunque el caso de las avispas parásitas de arañas no es único, sí es interesante por la forma en que tienen de hacerlo. Pero también por la utilidad que puede tener para los humanos.

En un estudio reciente se explica lo que hacen, y cómo lo consiguen. Empezando por el principio, las larvas de avispa – que son la fase parásita – obligan a las arañas a tejer una red más firme, más dura, y que además cambia su aspecto.

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Y lo hacen afectando al sistema nervioso de la araña. En este caso, la larva es un parásito externo. Es decir, crece sobre el cuerpo de la araña, alimentándose de sus fluidos. Al mismo tiempo, inyecta en su hospedador una serie de sustancias que lo afectan a un nivel neurológico.

Así consiguen modificar la maquinaria molecular que sirve para crear las telas de estos arácnidos. El resultado es una estructura mucho más resistente, hasta 30 veces más. Pero también se modifican sus propiedades físicas. Lo que consiguen es que resulte mucho más visible.

¿Para qué? Gracias a esto se evita que distintos animales – desde moscas hasta pájaros – choquen contra la tela y afecten a la larva. Que a estas alturas ya está en fase de pupa o “capullo”, realizando la metamorfosis.

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Todo esto tiene una gran utilidad para los seres humanos. Desde hace mucho tiempo se intenta aprovechar la maquinaria de creación de telas de las arañas para conseguir tejidos que podamos usar. Por poner sólo un ejemplo de los muchos que hay, con estas telas se obtendrían cuerdas más resistentes y ligeras, y mucho más baratas de producir.

Pero para todo esto, hay que entender los mecanismos moleculares – y genéticos – que emplean las arañas para tejer sus redes. Y como estas avispas sólo afectan al sistema nervioso, se sabe que “disparan” mecanismos que ya existen en las arañas. Sólo faltaría aprender a “manejar” estos cambios para darles un uso industrial. Que no es poco.