Un padre, dos madres, un embrión: el ensayo clínico que desata el debate

La pasada semana la prestigiosa revista Nature publicó un artículo que ha despertado un viejo debate en biología. Los autores del artículo han sido capaces de obtener un embrión con genes de tres personas, dos "madres" y un padre. Pero, ¿es ético hacer esto? ¿O no lo es, aunque el objetivo sea evitar una enfermedad en el futuro bebé?

Antes de entrar en la discusión sobre la ética del procedimiento, hay que explicar el experimento. No sólo hablar de qué se ha hecho, sino también de cuál era la finalidad del estudio.

Los investigadores responsables del estudio han desarrollado una técnica que permite evitar ciertos tipos de enfermedades de carácter genético. En todos los casos, se trata de síndromes que se heredan de la madre, y que pueden suponer ceguera, diabetes, enfermedades del corazón o neurológicas.

El defecto genético que provoca estos síndromes se aloja en la mitocondria, un orgánulo celular que se encarga de una parte muy importante de nuestro metabolismo. Las mitocondrias tienen su propio ADN, y en humanos todas provienen únicamente de la madre. Representan algo menos del uno por ciento de nuestro material genético, y si no contienen ningún defecto no tienen apenas influencia en nuestras características.

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La técnica consiste en utilizar un óvulo de una donante sana, cuyas mitocondrias no tengan ningún defecto, y sacarle el núcleo. En su lugar, se introducen los cromosomas tanto de la madre como del padre. De esta manera, el embrión tendría el material genético principal de sus progenitores, y las mitocondrias, con su ADN propio, de la donante. De ahí lo de hablar de dos "madres" y un padre.

El ensayo ha llegado hasta un poco más allá. En concreto, hasta el momento en que el óvulo fecundado llega a la fase en la que se generan los blastocitos, en torno a las 24 horas. Este es el momento en que se suelen implantar los embriones en el útero para la gestación.

Pero entonces, ¿dónde está el debate? Desde hace tiempo, en bioética se tratan todos los problemas con dos conceptos importantes en mente. Y este experimento implica forzar ambos.

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El primer concepto se conoce como "pendiente resbaladiza". La preocupación que este tipo de ensayos provoca se debe a que, si se autoriza que se lleven a cabo este tipo de tratamientos, se abre la puerta a que se aprueben otros, que vayan cada vez un poquito más allá. La metáfora es la de una piedra deslizándose por una pendiente resbaladiza, que al principio se mueve muy poco a poco pero que va cogiendo velocidad. Al cabo de un cierto tiempo resulta muy difícil de parar, y es casi imposible empujarla cuesta arriba. El miedo que algunos expertos tienen es que se empiece por permitir modificar las mitocondrias, después otros defectos genéticos como las trisomías, y que al final de ese camino se encuentre el encargar los niños con las características que prefiramos.

La segunda cuestión tiene que ver con las consecuencias, conocido como "principio de precaución". El equilibrio en que se encuentra nuestro ADN y el que mantienen las células para funcionar es muy inestable. De hecho, es conocido como "equilibrio dinámico", ya que siempre está un poco más allá o un poco más acá del punto de equilibrio, siempre moviéndose entre ambos. Al modificar el ambiente celular se puede estar desequilibrando todo el sistema. Pero esas consecuencias no se verían hasta pasada, al menos, una generación. Se tardarían unos 30 años en ver los resultados del experimento, y probablemente para entonces no se pueda hacer nada al respecto.

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