Un gusano que puede desarrollar dos bocas distintas

¿Un animal que pueda elegir la forma de alimentarse poco después de su nacimiento? No simplemente qué comer, si no si va a vivir toda su vida como un animal que pastorea o un feroz depredador. Y que lo hace en función de su entorno, de qué recursos tiene a su disposición. Desde un punto de vista adaptativo, parece una gran idea.

Un animal así existe. Se trata de un pequeño gusano del grupo de los nemátodos, llamado Pristionchus pacificus. Durante los primeros momentos de su desarrollo, las larvas de estos gusanos pueden progresar hacia dos variantes. En un caso tienen una boca amplia y muy fuerte, con un único diente en posición central. Gracias a él, y a la forma en la que los músculos se desarrollar, consiguen ser eficientes cazadores.

La segunda opción es tener una boca adaptada a pastorea bacterias del fondo marino. Para ello, la boca se hace más pequeña y carece de dientes. Tiene, sin embargo, unas pequeñas muescas en los labios que le sirve para raspar de manera más eficiente.

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Esto no es todo. Los investigadores sospechan que el lugar en el que sale cada una de las bocas no es el mismo. Que cuando se desarrollan como depredadores, la parte frontal es una. Pero si escogen la alternativa, el organismo se desarrolla hacia el otro extremo.

Pero, ¿cómo puede ocurrir esto? A esto se puede responder de dos maneras, dependiendo de lo que queramos explicar. Primero, la parte ambiental. Las larvas detectan su medio. Sobre todo, tratan de saber cuánta comida hay, y cuantos miembros de su misma especie viven cerca de ellos. Si la comida escasea, o hay muchos congéneres, se desarrollan como depredadores. Esta forma de vida es más solitaria y eficiente.

La segunda respuesta tiene que ver con genética y biología del desarrollo. Este tipo de procesos se denominan plasticidad fenotípica. Explicado de manera sencilla, sería la capacidad de un organismo para “elegir” una serie de características durante las primeras fases del desarrollo, durante la fase de larva. Dichas “elecciones” se hacen en función del ambiente.

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El problema que hay con la plasticidad fenotípica es cómo se regula. Se sabe que ocurre, pero no cómo se escogen una opción u otra. Puede tratarse de genes que estén presentes o no, o de la activación de un gen por motivos ambientales.

Con la publicación de este artículo se ha podido demostrar qué pasa en este caso concreto. El desarrollo depende de un gen, el eud-1. Cuando está inactivo, el animal desarrolla la boca pequeña que le sirve para comer bacterias.

Resulta sorprendente la función de eud-1. Todo lo que hace es añadir un ión sulfuro en proteínas, un cambio bastante común en estas moléculas. Aún no se sabe con detalle a qué proteínas afecta, pero el resultado de su trabajo es notable. Funciona como la aguja de las vías del tren: si sulfata las proteínas, todo el desarrollo va en una dirección, y si no lo hace en otra completamente distinta.

El último paso en esta investigación, en la que los investigadores ya están trabajando, es demostrar que este mismo mecanismo funciona en otros animales que presentan esta misma capacidad.

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