Un cangrejo marino, nuevo invasor del Delta del Ebro

Para los biólogos especializados en la conservación de los ecosistemas, las especies invasoras son un problema muy grave. Cuando un organismo llega de manera artificial a un nuevo hábitat, y comienza a asentarse y a afectar la biodiversidad local, es muy difícil controlarlo, no digamos ya erradicarlo. A lo largo del planeta hay multitud de casos, y ahora tenemos noticia de una nueva.

En este caso se trata de un cangrejo marino, en concreto de la especie Dyspanopeus sayi. Su área natural son las costas atlánticas de América, desde Canadá hasta Florida, pero en los últimos años se han podido encontrar ejemplares en Reino Unido, Francia y Holanda. El último lugar en el que ha sido encontrado es el Delta del Ebro.

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Tal y como explican los investigadores, no es posible que haya llegado de manera natural. Es una distancia enorme para que la recorra este animal, que se desplaza andando sobre el sustrato y no nadando. La forma en la que ha llegado ha debido ser o bien mezclado con otras especies de interés comercial, o en las aguas de lastres de los barcos, o desde la costa italiana en la que ya se había asentado.

Hay varias cuestiones que han despertado la alarma entre los biólogos. Por una parte, el número de individuos que se han encontrado. Parece que esta especie ya se ha asentado y formado una población. Incluso alguno de los animales que se han capturado son hembras ovígeras, que ya están gestando la próxima generación.

A esto se suma que se trata de una especie considerada como eurioica. Con este término los científicos se refieren a los organismos que pueden adaptarse a condiciones muy diversas y cambiantes. Es decir, organismos capaces de sobrevivir en un rango de condiciones muy amplias, el tipo más peligroso de especies invasoras. Y también el tipo más común.

Como último factor de preocupación, hay que pensar en dónde se ha asentado este cangrejo. El Delta del Ebro tiene un gran valor ecológico Se trata de un lugar con una biodiversidad muy alta y que sirve como refugio para numerosas especies, sobre todo para aves durante las migraciones. Por suerte la mayor superficie del Delta está compuesta de agua dulce, y D. sayi es un crustáceo de aguas saladas. La situación podría empeorar si la presencia de esta nueva especie desplazase a otras que sí pueden vivir en aguas dulces, modificando el equilibrio ecológico.

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