¿Son capaces los animales de sentir empatía?

Apuntes de Naturaleza

En Biología, hay algunas ideas que siempre resultan polémicas. Una de ellas trata sobre la empatía, si hay alguna especie, aparte del ser humano, capaz de desarrollar ese tipo de sentimientos. Cada cierto tiempo aparece algún estudio demostrando claramente, y sin lugar a dudas, que hay animales que demuestran empatía. Y casi al mismo tiempo surge una publicación que dice todo lo contrario, también cargada de pruebas. Para poner un poco de orden en todo este asunto, un equipo de investigadores de la Universidad de Oxford ha publicado un artículo con unas pequeñas reglas para entendernos.

El primer paso que han tomado ha sido definir qué hay que entender por empatía y diferenciarla de otros comportamientos denominados "pro-sociales". La verdadera empatía supone ponerse en el lugar de un congénere, y realizar acciones que supongan un beneficio para el otro. Para que exista verdadera empatía el comportamiento debe ser altruista. Es decir, que quien lo realiza no obtenga un beneficio directo, o que dicho beneficio sea muy pequeño en comparación con el esfuerzo realizado.

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Los comportamientos "pro-sociales", por el contrario, suponen un beneficio para quien los realiza, aunque no sean algo directo. Se suelen utilizar ejemplos con ratas, ya que son animales con los que se trabaja muy bien en el laboratorio y que dan resultados muy fáciles de comprobar.

Un estudio reciente, que los autores utilizan como ejemplo, ponía a dos ratas a vivir en una jaula. Al cabo de un tiempo, el suficiente para que ambos animales se reconociesen, se situaba a uno de ellos en una trampa. Si el otro trataba de liberarlo, se consideraba un ejemplo de altruismo. Pero según los científicos de Oxford, este sería un caso de comportamiento "pro-social", que favorece una cierta estructura de grupo. Pero no sería verdadero altruismo.

Pero, ¿por qué no? Pues porque, en estado salvaje, una rata ayudaría a otra con la intención de obtener un beneficio. Dos ratas que compartiesen un mismo hábitat tendrían, casi con total seguridad, algún tipo de relación familiar. Es decir, un individuo ayudaría a otro por tener cierta cantidad de genes en común. O puede que la supervivencia del individuo atrapado resulte de algún interés para el salvador, por ejemplo en el caso de un macho y una hembra.

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Otro asunto que ponen de manifiesto los autores del trabajo son los distintos raseros que se utilizan. Por ejemplo, en el caso de las ratas el que un individuo tratase de liberar a otro se consideraba empatía. Sin embargo, si los actores son dos hormigas no se considera tal. A pesar de que el comportamiento sea exactamente el mismo, en el caso de las hormigas se considera "pro-social" ya que se trata de una especie social.

La conclusión del artículo es la siguiente. Para que un comportamiento se pueda definir como empatía hace falta que el individuo que lo lleve a cabo lo haga con el objetivo de ayudar a su congénere. Debe ser capaz de adaptar su comportamiento a las circunstancias, por ejemplo alejándose del animal atrapado si con ello consigue rebajar su estrés. Y en ningún caso debe hacerse por motivos egoístas.

El verdadero asunto de fondo está en si el ser humano tiene o no unas características que lo alejan del resto de los animales. Sentimientos como la empatía están presentes en nuestra especie, y existe un gran interés científico en saber en qué momento de nuestro desarrollo evolutivo apareció. La polémica surge porque algunos científicos no creen que sea una característica única del ser humano, y otros están dispuestos a defenderlo como un gran hito evolutivo, una de las razones que nos ha permitido crear una sociedad y una cultura.

Por lo tanto, no parece que el debate se vaya a resolver de manera inmediata. Al menos hay equipos de investigación dispuestos a sentar unas bases mínimas sobre las que empezar a discutir, lo que ya es un avance.