Solo puede quedar uno: los “trucos sucios” de la hormiga macho

Un tema recurrente en biología son las distintas estrategias que utilizan los animales para conseguir pareja. A fin de cuentas, el objetivo de todo ser vivo es reproducirse. En la mayoría de las ocasiones, la estrategia es tan simple como ser suficientemente interesante como para conseguir las atenciones del sexo opuesto. En otras ocasiones, entran en juego estratagemas más complejas.

Este es el caso de los machos de Cardiocondyla obscurior, una especie de hormiga. Como el resto de insectos de este tipo, esta especie vive en colonias. Lo que hace a esta especie curiosa en cuanto a selección sexual es que existen dos tipos de machos, con alas y sin ellas, y que cada colonia tiene un macho sin alas dominante, que vive en la colonia durante todo el año, sin tener ninguna función concreta salvo procrear con la reina.

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En realidad, sí tienen una función, tal como se explica en un reciente artículo. El macho dominante patrulla la colonia en busca de competidores. Sobre todo, centra su atención en la zona donde las larvas se desarrollan. Y cuando detecta a un competidor, se deshace de él, bien sea atacándole directamente o marcándole para que las obreras se encarguen.

Durante sus patrullas, el macho dominante localiza las larvas que pueden dar lugar a machos. Debe hacerlo con mucho cuidado, ya que si ataca por error a una hembra las hormigas obreras terminarán con él. Y es este hecho el que utilizan los machos alados para librarse de sus atenciones, ya que segregan feromonas femeninas que los protegen mientras son larvas. Cuando éstas eclosionan y dan lugar a un adulto, el truco deja de funcionarles.

Así que el macho dominante no puede atacar a las larvas, por el riesgo que existe de equivocarse. Lo que hace es detectar a los machos que acaban de nacer, y atacarles antes de que su exoesqueleto se endurezca. En ese momento, las mandíbulas del dominante son suficientemente potentes como para acabar con la vida del competidor. Pero esta circunstancia dura aproximadamente un día.

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El problema surge cuando el macho jóven ya tiene su coraza endurecida. A partir de ese momento hay que poner en marcha otra estrategia, ya que en una pelea el macho dominante puede perder, o incluso morir los dos. Para evitar el enfrentamiento directo, utiliza una glándula para marcar con una sustancia química a su rival.

Al detectar esta señal, las hormigas obreras atacan al macho jóven acabando con él. El problema es que el dominante también queda marcado, y si es detectado antes que su competidor, será a él a quien ataquen. Aún así, tiene más posibilidades de sobrevivir que en un enfrentamiento directo.

Lo que llamaba la atención de esta especie no es sólo este comportamiento, sino que las colonias se puedan permitir el tener un macho dominante que acabe con la vida de sus competidores. Para sacar adelante a cada larva, la colonia tiene que utilizar mucha comida. Y si los machos mueren, todo ese gasto no sirve para nada.

Pero como han demostrado los autores del artículo, esto no es así. Por una parte, cada macho que muere es reciclado como comida, que se emplea en dar de comer a las larvas de obrera. Y por otra, la lucha por ser el macho dominante asegura a las hormigas que el ejemplar que copula con la reina es el mejor de entre todos los machos del año.