El secreto del mordisco de los murciélagos vampiro está en su saliva

Apuntes de Naturaleza
Murciélago vampiro Desmodus rotundus

Una cuestión que ha llamado la atención de los biólogos desde hace tiempo es cómo son capaces los murciélagos de alimentarse de sangre. Porque no sólo tienen que encontrar a sus presas y morderlas, los problemas que hay que resolver para poder “beber” sangre son mucho mayores. Un estudio reciente responde a esta pregunta: el secreto está en su saliva. Y en una serie de genes que han recuperado.

Empezando por el principio: ¿cuáles son estos problemas de los que hemos hablado? En primer lugar, hay que anestesiar a la víctima. Cuando los murciélagos hematófagos atacan a una presa, necesitan que ésta no detecte el mordisco. Si no, huirían antes de que el vampiro terminase de alimentarse.

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Pero claro, esta no es la única dificultad. Porque por mucho que se anestesie la zona del mordisco, si la sangre se coagula, el murciélago tampoco se puede alimentar. Hace falta que la sangre siga fluyendo para obtener suficiente alimento.

Dos problemas nada fáciles de resolver. Bueno, la naturaleza ya lo consiguió con las sanguijuelas. Pero entre vampiros y sanguijuelas hay una gran distancia evolutiva. Demasiada como para que las cosas se parezca, ¿o no?

En realidad, las soluciones a las que se han llegado son prácticamente las mismas. Eso sí, los murciélagos no las han heredado directamente de unos parientes evolutivos tan lejanos. Ni tampoco las creado desde cero. Lo que han hecho ha sido modificar ciertos genes para conseguir esas habilidades.

Los mecanismos moleculares son bastante complejos de explicar – y de entender, realmente. De manera muy resumida, se podría decir que lo que hacen es “recolocar” el mensaje de los genes para que “digan” una cosa distinta.

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En organismos superiores – entre otros, en animales – los genes tienen dos tipos de secuencias. Por una parte están los intrones, que no aportan información genética. Antes de que el gen se “lea” y se produzca la proteína, estos intrones se eliminan por un proceso denominado splicing.

El segundo tipo son los exones, que son los que determinan qué aminoácidos forman cada proteína y en qué orden tienen que ensamblarse. Pues bien, lo que hicieron los murciélagos para poder alimentarse de sangre fue editar y recolocar estos exones, para que diesen lugar a otras proteínas. En concreto, a las que duermen la zona mordida y evitan que la sangre se coagule.

Hasta aquí, todo lo que se ha descubierto en este trabajo sobre los vampiros y su saliva. Que no es poco. Ahora hace falta saber qué genes han “reutilizado”, a cuáles se corresponde en otros murciélagos, o si todo esto comenzó por otro proceso – en este caso, se trataría de una duplicación de algún gen. Y en todo esto ya está trabajando el equipo de investigación.