El secreto del éxito de los insectos

Una mariposa recoge el polen de una flor en un jardín de Moscú el 4 de agosto de 2015
Una mariposa recoge el polen de una flor en un jardín de Moscú el 4 de agosto de 2015

¿Cómo es posible que los insectos hayan tenido tanto éxito? Esta pregunta lleva persiguiendo a los biólogos desde hace mucho tiempo. Porque, si dejamos al margen a las bacterias – en las que el concepto de especie es realmente complicado – casi la mitad de la biodiversidad pertenece a este grupo biológico. Y ya se ha dado una respuesta, en un artículo recién publicado.

El secreto está en el alcohol. En concreto en dos familias de moléculas relacionadas con el alcohol, los gliceroles y sorbitoles. Lo que no parece tener mucho sentido, hasta que pensamos que estas sustancias ayudan al organismo a adaptarse a las temperaturas.

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El éxito de los insectos no sólo se mide en el número de especies. También en dónde están. Y la respuesta es, esencialmente, “en todas partes”. No existe prácticamente ningún hábitat en la Tierra donde no podamos encontrar insectos.

Da igual si se trata de desiertos o de zonas polares. Pensemos en donde pensemos, hay insectos. Pero para que esto pase, los animales tienen que estar preparados para no congelarse ni desecarse. Los alcoholes que se encuentran en las células ayudan a esto. Son los anticongelantes y antidesecantes naturales.

El problema está en que a estas moléculas les cuesta entrar en las células. De hecho, para que puedan hacerlo, tienen que existir canales específicos. El nombre técnico es “aquagliceroporinas”. Pertenecen al grupo de las porinas o proteínas de canal, y están presentes desde las bacterias, y en todos los animales superiores.

Pero no exactamente en insectos. Al menos no en el grupo más evolucionado de ellos, los denominados holometábolos. Los que tienen una fase de larva, que se transforma en pupa y después en el adulto. El ejemplo más claro son las mariposas, donde la larva es la oruga, la pupa el capullo y el adulto la mariposa.

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Estos insectos tienen entomogliceroporinas. Éntomos significa insecto en griego. Y se trata de canales para estos alcoholes, que sólo aparecen en insectos, y que realizan especialmente bien su trabajo. Las diferencias a nivel de secuencia – a nivel molecular – con las del resto de animales no son demasiado marcadas, pero sí lo suficiente como para ser, dicho de manera sencilla, mucho mejores.

Pero, ¿si ya había una molécula que hacía esto, para qué crear otra? Parece que la respuesta está, precisamente, en el estado de pupa. Durante esta fase del desarrollo, los insectos son especialmente sensibles a las condiciones ambientales. Es una fase crítica, en la que desaparecen órganos para dar lugar a otros.

Para que se pueda llevar a cabo, la transición tiene que ser óptima. Es decir, sin que el frío o el calor den problemas. Y para ello hacen falta gliceroles y sorbitoles, que controlen que las condiciones se mantengan lo más estables posibles.

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Así que el éxito de los insectos depende de que el transporte hacia el interior de las células de alcoholes sea lo más eficiente posible. Y para eso, cuando tuvieron una alternativa, lo mejor era sustituir los mecanismos anteriores por los mejorados.

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