Ruby, una rapaz urbana intoxicada por venenos

El nido de Ruby y Buzz. Imagen de nebirdsplus, vía Flickr.

Ruby y su pareja, Buzz, eran dos vecinos muy queridos de la ciudad de Cambridge, en el estado norteamericano de Massachusetts. Los habitantes de esta población dedicaban mucho tiempo a contemplarlos, ver a qué dedicaban sus vidas y cómo criaban a sus hijos. Y no por cuestiones extrañas, sino porque ambos son ratoneros de cola roja (Buteo jamaicensis) que decidieron anidar en un núcleo urbano.

En realidad, habría que decir que eran dos ratoneros, ya que Ruby apareció muerta el pasado mes de abril. Su defunción causó bastante conmoción a nivel local, e incluso se convirtió en noticia a lo largo de todo Estados Unidos. Especialmente por las sospechas sobre el motivo de su muerte, que todo el mundo achacó a venenos.

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Recientemente, un equipo de investigadores ha podido confirmar la razón por la que murió, y los habitantes de Cambridge tenían razón. Al realizar una serie de análisis forenses, se encontraron tres tipos distintos de rodenticidas en distintos tejidos de Ruby.


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Ruby llegando a su nido. Obtenida de nebirdsplus, vía Flickr

Los rodenticidas, como su nombre indica, son venenos que se emplean para combatir a distintas especies de roedores, como ratones o ratas. El problema es que no son totalmente específicos – ningún veneno lo es – y también afectan a otros seres vivos.

Obviamente, un ave cuyo nombre es “ratonero” será de los más afectados por estas toxinas. El nombre común lo reciben por el componente principal de su dieta. Vamos, que la comida más común de un ratonero son los ratones – los roedores, en realidad.

Pero no sólo ellos, también otras muchas aves rapaces. De hecho, una de las causas más habituales de muertes accidentales de este tipo de pájaros es la intoxicación por venenos, que los humanos empleamos como plaguicidas. También afectan a felinos, entre ellos a muchos gatos domésticos.

Y a humanos. En muchos núcleos urbanos en los que se emplean rodenticidas, resulta común encontrar a niños intoxicados por estas sustancias. Ya se sabe que resulta difícil controlar en todo momento lo que hacen los niños, y muchos acaban llevándose a la boca partículas de estos venenos.

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De hecho casi al mismo tiempo en que Ruby apareció muerta, la EPA (Environmental Protection Agency, la Agencia para la Protección del Medio Ambiente de los USA) puso en marcha mecanismos para controlar el uso de este tipo de sustancias, que ya están reguladas pero necesitan un control mayor.

Esta propuesta ha ganado fuerza gracias al cariño que los habitantes de Cambridge le tenían a su rapaz urbana. Con la colaboración de los ciudadanos, la Universidad de Tufts – centro al que pertenecen los investigadores que han realizado los análisis forenses – ha creado un fondo para estudiar el impacto de estos venenos en poblaciones de aves rapaces, y también con el objetivo de concienciar a quienes los usan en sus casas o campos de cultivo.

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