La recuperación de ciertas especies, un quebradero de cabeza para la conservación

Crédito: Sustainable Man
Crédito: Sustainable Man

Que una población de una especie amenazada se recupere siempre es una buena noticia. Pero en ocasiones – en muchas ocasiones – esto puede tener consecuencias difíciles de gestionar. Especialmente cuando lo que se recupera son poblaciones de depredadores. Un artículo reciente analiza algunos casos concretos, y propone soluciones.

El punto de partida del estudio es sencillo, y hasta cierto punto obvio. ¿Qué pasa si comienza a crecer el número de depredadores en una zona? Que los animales sobre los que depredan sufren las consecuencias. El problema es que en muchas ocasiones, estas presas son a su vez especies amenazadas.

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Uno de los ejemplos que se exponen en el artículo es el de los lobos de Yellowstone. Que es especialmente relevante por el simbolismo. Tanto el Parque Nacional como la especie tienen un lugar especial como iconos de la conservación.

Pues bien, al crecer la cantidad de lobos en el Parque, también han aumentado los ataques a ciervos canadienses (Cervus canadiensis). En esta zona, son su presa principal. Pero su estado de conservación, la cantidad de animales y la diversidad genética que presentan, no es la mejor. Este aumento de ataques reduce las posibilidades de supervivencia de la especie.

Además introduce otro factor. Porque estos cérvidos son una pieza de caza muy preciada para los cazadores. De esta manera, el lobo vuelve a entrar en conflicto con los seres humanos, uno de los problemas que le ha llevado a la situación actual de su especie.

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No es el único caso, ni probablemente el más urgente. Peor está la cosa en el Pacífico Noroeste. Allí los esfuerzo de conservación han permitido que se recuperen tanto los leones marinos (Zalophus californianus) como los elefantes marinos (Mirounga angustrirostris).

Aquí el problema lo tienen el salmón, la trucha arcoíris y otros peces relacionados. Todos ellos están amenazados, con sus poblaciones en un estado bastante frágil. El aumento de depredadores no les hace ningún favor. Ni tampoco ayuda en los esfuerzos por su conservación.

Pero tal vez el caso más interesante sea el de la Isla de San Clemente, frente a las costas de California. En esta isla se han realizado tremendos esfuerzos por mantener con salud a tres especies. Alcaudones, zorros y águilas reales habitan en este islote gracias al trabajo de los conservacionistas.

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Zorros que se alimentan de alcaudones, y que al recuperarse, ponen en peligro la recuperación de estas aves. Y águilas que se alimentan tanto de zorros como de alcaudones, afectando a ambas. Y lo que es peor, tal y como señalan – no sólo para este caso – los científicos. Si las águilas provocan la desaparición de zorros y alcaudones, también están generando su propia desaparición.

Porque este es, en definitiva, el mensaje que quieren enviar los investigadores. Que estas dinámicas, naturales y lógicas, pero que no se habían tenido en cuenta, pueden acabar siendo la razón final para la desaparición de algunas de las especies que se pretendía proteger.

Para evitarlo, la propuesta que hacen es a la vez sencilla y muy complicada. Sencilla porque es muy lógica: tener en cuenta estos factores antes de poner en marcha los proyectos de conservación, y analizar las consecuencias del éxito con una especie sobre el resto. Y esto es tremendamente difícil de llevar a cabo.

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