¿Pueden los bosques contaminar el planeta?

J Toledo
Photo provided by Masaaki Chiwa
Photo provided by Masaaki Chiwa

La idea de que un bosque sea una fuente de contaminación parece bastante ridícula. A fin de cuentas, pocas cosas hay más “verdes” que un ecosistema forestal. Y sin embargo, un estudio reciente llevado a cabo en Japón demuestra que ciertos bosques son responsables de contaminar seriamente la naturaleza.

Se trata de un tipo muy particular de bosques. Aunque más que bosques, se podría pensar en ellos como “cultivos de árboles”, ya que son plantaciones forestales pensadas precisamente para extraer madera. Durante las décadas de 1950 y 1960 se pusieron en marcha muchas de estas explotaciones, ya que falta madera para la construcción y otras industrias.

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La cosa ha ido cambiando. Hoy en día, debido a que los medios de transporte son mucho mejores, la mayor parte de las maderas empleadas en Japón se importan de otros países. Casi no se utiliza madera de las plantaciones – sistemas agroforestales sería el término técnico – de mediados del siglo XX.

Esto no tendría por qué ser un problema. Pero lo es, ya que cuando se diseñaron las plantaciones se hizo pensando en maximizar la cantidad de madera. Los árboles se plantaron muy cerca unos de otros, lo que deja poco espacio para otras especies vegetales. Y además, cuando crecen, los árboles producen sombra y evitan que crezcan otras cosas.

Además, lo que se plantó fueron distintas especies de cedros y cipreses, muy apreciados por su madera. En este caso, la parte negativa está en que sus hojas – llamadas acículas por la forma de aguja – son muy ricas en Nitrógeno.

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Mientras la madera era aprovechada, no había problema. Pero hoy en día estas explotaciones están abandonadas. Esto hace que los árboles sean “viejos”. Los árboles maduros crecen menos que los jóvenes.

Y también pierden más hojas, que es donde empieza el problema. Al caer las hojas, la fauna del suelo las aprovecha y genera sustancias nitrogenadas. En un bosque natural, o en una plantación bien gestionada, este nitrógeno sería aprovechado de nuevo por los árboles.

Pero como los cedros y cipreses ya son maduros, crecen poco y no utilizan todos los productos. Que son “lavados” con las lluvias, o cuando se funden las nieves, y terminan en ríos, lagos y embalses.

En las masas de agua, el factor limitante suele ser el nitrógeno. Básicamente, porque se necesitan en grandes cantidades – forma parte tanto de las proteínas como del ADN – y es el primero que se suele “acabar”. Pero si hay aportes constantes, las algas pueden crecer sin esta limitación. Y cuando lo hacen, el agua deja de ser aprovechable.

Este tipo de contaminación se conoce como contaminación difusa. Es la que suele ocurrir en cultivos mal gestionados. Cuando se abona de más y llegan las lluvias, los nutrientes terminan en las masas de agua cercanas, llegando de todos los puntos. De ahí lo de “difusas”.

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Los autores del artículo han podido calcular los aportes de estas plantaciones forestales. Y la cantidad de nutrientes que terminan en las aguas son incluso mayores de lo que serían si todo el terreno se emplease en cultivos, y además se gestionasen mal.

Ahora queda por saber si hay alguna manera de solucionarlo. De momento se ha puesto en marcha un proyecto para recuperar una gestión sostenible en algunos de estos terrenos, pero todavía no hay datos. Eso sí, todos deberíamos estar pendientes ya que estas plantaciones vegetales no son, ni mucho menos, únicas de Japón.