Por qué los lobos no se pueden domesticar

Apuntes de Naturaleza

Una pregunta que llevan mucho tiempo haciéndose los biólogos es por qué resulta tan fácil domesticar a un perro, mientras que un lobo permanecerá prácticamente siempre en estado salvaje. A fin de cuentas, se trata de dos subespecies del mismo animal, dos grupos biológicos tan cercanos que es muy difícil diferenciarlos mediante técnicas científicas.

Según un estudio reciente, la respuesta está en el desarrollo que se da en cada animal durante las primeras semanas de vida. En concreto en lo que se conoce como periodo crítico de socialización, el momento en que los animales establecen relaciones de confianza con miembros de su especie y con otras distintas a la suya.

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En ambos casos, la ventana de socialización empieza en el momento en que son capaces de andar. Ahí se sitúa la diferencia. Mientras que en los perros (Canis lupus familiaris) la capacidad de andar se desarrolla en torno a las cuatro semanas, los lobos (Canis lupus lupus) echan a andar dos semanas antes.

A las dos semanas, los cachorros de ambas subespecies son ciegas y sordas. Así que los lobos, durante sus primeras exploraciones del medio, se basan en su sentido del olfato. En cambio, los perros dan sus primeros pasos cuando ya tienen perfectamente funcionales sus sentidos de la vista y el oído.

La razón fundamental de la diferencia entre los dos animales es, precisamente, qué sentidos funcionan durante la socialización. En los primeros momentos de exploración, los cachorros no sienten miedo. Este tipo de respuestas se aprenden más adelante, al cabo de dos o tres semanas. Y resulta necesario que sea así, ya que si se diesen respuestas de miedo y huída durante las primeras exploraciones, los animales no serían capaces de salir del cubil.

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Por lo tanto, los perros desarrollan las respuestas de miedo después de haber despertado los sentidos de la vista y el oído. Si durante esta ventana de socialización entran en contacto con humanos, caballos o incluso gatos, ya no desarrollaran ni miedo ni aversión hacia miembros de estas especies.

En contra, los lobos empiezan a oir con la respuesta de miedo ya aprendida. De hecho, los primeros sonidos que perciben suelen provocarles pánico, llegando a dejarles temporalmente inutilizados. Este factor es el que explica por qué su domesticación resulta tan compleja. Al entrar en contacto con los seres humanos, el sonido de sus voces y otros sonidos despierta miedo en los cachorros, por lo que tienden a evitar a la fuente de estos estímulos.

Los responsables de este estudio ya han dado el siguiente paso. El objetivo que tenían en mente a la hora de realizar este trabajo era el de desarrollar nuevas técnicas de cría de lobos que sirvan para repoblar las manadas salvajes actualmente amenazadas. Al poder trabajar con ellos de manera más fácil, esperan aumentar la supervivencia de las crías en cautividad para poder realizar sueltas controladas.

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