Las pataletas de los niños pueden estar causadas por las bacterias de su intestino

Apuntes de Naturaleza

Las bacterias nos acompañan a donde quiera que vayamos, dentro de nuestro cuerpo. Y nos superan en número. Según algunos cálculos, hay diez veces más bacterias que células en un humano sano. Así que no es raro que contribuyan a nuestro estado general de salud. Pero, ¿también afectan a nuestro comportamiento?

Según un estudio reciente, sí. Al menos en niños pequeños, en bebés. Hay una relación directa entre la microbiota – por favor, erradiquemos el término “flora intestinal”, que parece que tenemos césped en nuestro intestino – y el comportamiento de niños de entre 18 y 27 meses de edad.

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Si lo pensamos bien, tiene sentido. Es decir, si cualquier persona está colonizada por bacterias que le proporcionan beneficios, se sentirá bien y su estado de ánimo mejorará. Nada como sentirte molesto para ponerte de mal humor. Y también al contrario, evidentemente.

Claro, que demostrarlo es otra historia. Para ello, los investigadores realizaron un experimento interesante. Midieron una serie de parámetros, tanto cuantitativos – cantidad de ciertos compuestos y hormonas en sangre, niveles de adrenalina, en definitiva, cuestiones objetivas – y otros cualitativos, como los “berrinches” o el mal comportamiento, más difíciles de definir de manera objetiva.

Y encontraron que los niveles fluctuaban en consonancia. Es decir, que no sólo había una relación entre la microbiota y el comportamiento, si no que uno y otro se veían influidos, cambiaban al unísono.

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Para dejar aún más clara esta relación, llevaron a cabo un seguimiento de los bebés más allá de los 27 meses, e incluyeron otros factores. Entre otros, la forma de nacimiento, para ver si el trauma del parto influía. El único factor relevante era la microbiota.

Que también tiene su lógica. Por poner sólo un ejemplo, el lugar del cuerpo donde más serotonina – a la que se llama “hormona de la felicidad”, y ayuda a regular el sueño, entre otras muchas cosas – se produce es en el intestino. Y lo hacen las bacterias que allí habitan.

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Así que hay una comunicación directa entre nuestro cerebro y los microorganismos que nos utilizan como hábitat. Lo que no queda tan claro es quién regula a quién. Según los investigadores “el cerebro y la microbiota hablan, pero no se sabe quién empieza la conversación”.

El equipo responsable de este hallazgo ya ha puesto en marcha experimentos para evaluar y conocer si es la microbiota la que le dice al cerebro cómo debe sentirse, o si es al revés.

Me enteré leyendo aquí.