Pagar a los agricultores por proteger el medio ambiente funciona

Apuntes de Naturaleza

Aunque no sea lo primero que se nos viene a la cabeza, la actividad humana con mayor impacto en el medio ambiente es la agricultura. Bueno, agricultura y ganadería. Tanto de manera directa, por el uso del suelo que se hace, como indirecta, por el agua que se emplea – hasta un 70% del agua “limpia” disponible – y por los fertilizantes. En un artículo reciente, los investigadores han tratado de comprobar si una de las prácticas más comunes para mitigar este problema funciona.

La estrategia de “pago por conservación” es muy común en todo el planeta. La idea es sencilla: se da dinero a agricultores y ganaderos, y a cambio se espera que protejan el medio natural. Por ejemplo, dejando terrenos en barbecho, o mejorando el riego y empleando menos fertilizantes.

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Y si es tan común, es porque funciona. En el artículo de PLoS se demuestra precisamente esto. Este tipo de pagos ayudan a que las prácticas medioambientales sean mejores. Incluso haciéndose mal, ayudan a la naturaleza.

Porque se hacen mal, que es la segunda conclusión del estudio. Gran parte del dinero que entra en los campos de cultivo y granjas para proteger el medio natural, simplemente no se usa para eso. Los motivos son muy variados, pero se reducen a una explicación muy simple: quienes reciben estos incentivos por conservar no sufren penalizaciones si no lo hacen.

En el artículo dan una cifra bastante clara. En la Unión Europea se llega a subsidiar hasta un 20% de las cosechas. Pero únicamente un mísero 1% termina en mejoras de las prácticas de conservación. Ninguna autoridad supervisa que el dinero se destine a lo que se debe.

Pero, ¿en qué mejorarían las cosas si se hiciese? Los investigadores se han centrado en aves, un grupo biológico fácil de estudiar en este tipo de proyectos. Y lo que han visto es que la biodiversidad de aves – que sirve como índice de la del resto de fauna, y por tanto de flora – aumenta en los lugares en que se centran estas ayudas. Más aún si se supervisan correctamente.

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La alternativa, realmente no es buena. Tenemos el caso de Nueva Zelanda, un país en el que no existen ayudas ni subsidios por conservación. En los últimos años se ha visto como gran parte del territorio se ha destinado a granjas lecheras, que venden su producción a China.

En estos casos, ningún estudio está completo si no se ofrecen directrices. Ideas de cómo mejorar lo que ya hay, y qué poner en marcha. Y los investigadores lo tienen claro: además de una supervisión más seria, hay que hacer entender a los agricultores y ganaderos que se les paga por proteger la naturaleza. Por mejorar sus explotaciones, pero también los terrenos que las rodean. Y que eso es lo que se espera de ellos.