Un paciente muere a causa del cáncer de su parásito intestinal

Crédito: Peter Olson/Natural History Museum
Crédito: Peter Olson/Natural History Museum

Algunas historias son realmente curiosas. Pero otras, directamente parecen falsas. Como la de que un ser humano haya muerto de cáncer, pero que sus tumores no sean suyos, si no del parásito que habitaba en su intestino. Pero se trata de un caso real, que se explica en un artículo reciente.

La historia es complicada. Empieza con un ciudadano colombiano, infectado por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana. El mismo que provoca, en su estado final, el SIDA. Y en este caso, el hecho de que sea colombiano sí aporta información. Bueno, el que viva allí, en realidad.

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Porque en esta zona del mundo es relativamente común un parásito llamado Hymenolepis nana. Se trata de un platelminto, muy parecido a una tenia solitaria, pero de menor tamaño. La mayoría de la gente que se infecta con este parásito ni siquiera se da cuenta. Pero no el triste protagonista de esta historia.

El problema no es sólo que tuviese VIH, si no que no se medicaba. Por esta razón, su sistema inmune se encontraba “tocado”, y no pudo defenderse de la infección por el gusano. Si la historia se hubiese quedado aquí...

El enfermo comenzó a encontrarse mal, y visitó el hospital. Tras un estudio, descubrieron que tenía el parásito, pero también que tenía tumores por distintas partes del cuerpo. Le realizaron una serie de biopsias, y le enviaron a casa con tratamiento tanto para el parásito como para el VIH.

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Aquí es cuando las cosas se vuelven complicadas. El paciente empeoró, y volvió al hospital aquejado de dolores. Al atenderle, los médicos comprobaron que los tumores habían crecido más de lo esperado. Así que decidieron analizar las células tumorales, y ahí llegó la primera sorpresa.

Porque las células eran cancerosas, de eso no había duda. Lo que no parecían eran humanas. De hecho, eran unas diez veces más pequeñas. Eso no pasa en los casos de cáncer, al menos en los que se conocen. Así que los doctores decidieron analizar genéticamente esas células tumorales, a ver qué ocurría.

Al tener los resultados en la mano, nadie se los podía crecer. Básicamente, lo que tenían delante no era humano. Ni de lejos: no cuadraba ni la cantidad de ADN, ni el número de cromosomas, ni prácticamente nada. Buscando bibliografía y comparando las secuencias que habían obtenido, dieron con la clave: los genes eran de Hymenolepis nana. El cáncer era del parásito.

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A partir de ese momento, la explicación empezó a cuajar. Lo que había ocurrido era lo siguiente: el gusano había desarrollado cáncer. Y algunas de esas células tumorales habían escapado del gusano, viajado por el cuerpo de la persona, y se habían anclado en donde habían podido. Y a partir de ahí, desarrollaron el cáncer.

Por desgracia, para cuando habían encontrado la narrativa, el paciente ya había muerto. En él se había juntado toda la mala suerte que se podía tener. Pero, al menos, se convertirá en un caso de estudio para la ciencia.

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