Una nueva amenaza acecha a las abejas

Apuntes de Naturaleza
Una nueva amenaza acecha a las abejas
Síntomas clásicos del DWV: desarrollo incompleto de las alas y abdomen reducido. Crédito de la imagen: Professor David Evans, University of Warwick

Lo que le faltaba a las abejas (Apis mellifera). Por si estos insectos tan importantes para la polinización no estuviesen ya suficientemente amenazados, en un artículo reciente se expone un nuevo peligro para ellas. Una plaga de ácaros – un tipo de artrópodos muy cercanos a las arañas – está afectando a las poblaciones de abejas.

Como suele ocurrir en estos casos, el problema no es tanto el ácaro ni su picadura, como lo que viene con él. Los parásitos de las abejas transmiten un virus, denominado Virus Deformante de las Alas (Deformed Wing Virus o DWV en inglés). Y es esta enfermedad la que realmente está afectando a las poblaciones de estos insectos.

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El nombre del virus ya da bastantes pistas de cómo afecta a los individuos. Principalmente afecta a las alas, pero también a otras estructuras. Y el resultado son problemas en el desarrollo y deformidades, que reducen la capacidad de las abejas para alimentarse y disminuyen drásticamente su esperanza de vida.

Estos virus están presentes en las poblaciones naturales de abejas por toda Europa. Y por lo general dan pocos problemas. La mayoría de las infecciones son asintomáticas, ya que el sistema inmunitario de las abejas está bien preparado para defenderse de él.

La cosa se complica cuando entran en juego los ácaros. En concreto de la especie Varroa destructor, que son los responsables de la plaga actual. Se trata de animales hematófagos, que se alimentan de la sangre de sus presas. En el caso de las abejas, y siendo precisos, hablaríamos de hemolinfa, aunque a efectos prácticos lo podemos considerar como equivalentes.

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Cuando los ácaros pican a las abejas para chupar su sangre, inyectan el virus directamente en los fluidos internos del animal. Los parásitos no sólo entran en contacto mucho más directo con el insecto, también en mayor cantidad.

Como resultado, el sistema inmune de las abejas no puede controlar el ataque que recibe. Y por eso el resultado de la infección es mucho más dramático que con otras formas de contagio. La cantidad de abejas que se ven afectadas por la enfermedad es mucho mayor, lo que reduce el tamaño de las colmenas y sus posibilidades de supervivencia. Y eso se traduce en menos polinización y menor producción de miel.

Una cosa interesante de este artículo son sus conclusiones. Porque, aunque pueda parecer lo contrario, hay muchas y muy buenas noticias en él. Gracias a este estudio se ha detectado la forma de infección, lo que ayudará a controlarla. Pero sobre todo, se ha podido determinar cuál es la cepa del virus, lo que resulta fundamental para erradicar la plaga. O al menos para contribuir a mejorar la supervivencia de tan importantes insectos.