Nuestros gatos son un peligro para la biodiversidad

J Toledo
AP Photo/Department of the Environment, C. Potter
AP Photo/Department of the Environment, C. Potter

Los dueños de gatos no somos conscientes del impacto que nuestras mascotas tienen sobre la biodiversidad. Sabemos que son depredadores, cazadores muy hábiles, y lo demuestran trayéndonos alguna presa de vez en cuando. Pero, tal y como demuestra un estudio reciente, no queremos creernos el daño que realmente hacen nuestros animales domésticos.

Y eso a pesar de que las historias de extinción de animales protagonizadas por gatos son famosas. Tal vez la más conocida sea la del “señor Bigotes”, el gato del farero del que ya os hablamos aquí. Pero aún así, lo seguimos negando.

Eso sí, los datos no mienten. En el artículo han demostrado que los gatos domésticos son responsables de la caza de un número muy elevado de animales. Mucho mayor de lo que los dueños pensaban, y de hecho superior a lo que están dispuestos a reconocer.

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¿Cómo se han conseguido estos números? El estudio se ha llevado a cabo en dos zonas muy concretas del Reino Unido. Son lugares urbanos, pero cercanos al campo, donde habitan especies de interés para la conservación. Y donde la población de gatos es alta.

Este último detalle es muy importante. Porque la excusa habitual de los dueños de gatos es que es natural que cacen. Y es cierto, es natural que un depredador cace. Pero que se junten tantos en un mismo sitio no lo es tanto. Incluso, en ciertos casos, lo que no es natural es que los gatos hayan llegado hasta donde están.

Es importante resaltar que, aunque el estudio se ha llevado a cabo en Reino Unido, muchos de los datos se pueden extrapolar a otras zonas del planeta. No es un caso exclusivo de las Islas Británicas ni mucho menos.

En el estudio se recopilaron datos sobre la cantidad de animales cazados por las mascotas. Y se compararon con lo que los dueños estimaban, es decir, lo que creían que cazaban sus animales. La diferencia era enorme, y la solución relativamente sencilla: no dejarlo salir, evitando así la caza.

Pero ante esta opción, los dueños se negaban. Incluso aquellos más concienciados con la conservación, y a pesar de tener delante las evidencias. En muchos casos se justificaban diciendo que sería una crueldad.

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A los investigadores, este tipo de respuestas les resultaron sorprendentes. Sin entrar en debates sobre si tenían razón o no, resultaba curioso que se expresasen así cuando la práctica totalidad de las mascotas estaba castradas.

Y ahí encontraron los científicos el argumento que necesitaban. O al menos el que quieren poner en marcha. Porque si los dueños explicaban que castraban a sus animales por su bienestar, sólo hace falta hacerles entender que mantenerlos en casa para evitar su impacto en la biodiversidad también se hace por su bienestar. Se evitarían heridas en las mascotas, peleas e incluso infecciones. Y eso sin entrar en otras cuestiones de carácter más complejo.

Eso sí, habrá que desearles buena suerte a los investigadores. Como dueño de gatos que soy, y a pesar de estar plenamente concienciado sobre la importancia de la conservación, veo realmente complicado que ese argumento llegue a convencer.