Mitos y realidades de los koalas

Apuntes de Naturaleza

Los koalas son tal vez, junto con los pandas, los animales más carismáticos. El ejemplo perfecto de lo que algunos conservacionistas llaman “fauna peluchable”, porque efectivamente recuerdan a un peluche. Y sin embargo, hay una buena cantidad de datos y hechos sobre ellos que desconocemos.

Lo primero que hay que decir, y es una cosa que sí es bastante conocida, es que no son osos, por mucho que lo parezcan, y aunque en inglés se los llame koala bears. Porque incluso su nombre científico hace referencia a este error. El nombre específico del koala es Phascolarctos cinereus, que se podría traducir por “oso en miniatura color ceniza”.

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Tampoco es cierto que no beban agua. Uno de los mitos sobre este animal es que jamás bebe, y que de hecho la palabra koala significa esto en lengua aborigen australiana. Sí toman agua, como cualquier animal, y no es raro que se acerquen incluso a piscinas creadas por los humanos para hacerse con este recurso.

Lo que sí es cierto es que son “vagos”. Bueno, no exactamente...por mucho que esa sea la impresión que dan. Pasan casi 20 horas al día durmiendo, pero eso es porque su fuente de alimentación, las hojas de distintas especies de eucalipto, no aporta gran cantidad de energía. Y por eso también tienen un cerebro reducido en tamaño, ya que es el órgano que más energía requiere y consume.

Por cierto, también comen polvo. El contenido en calcio de las hojas de eucalipto es muy baja, lo que hace necesario que lo busquen en otra fuente.

Todo esto son curiosidades interesantes – como el hecho de que sus huellas dactilares sean indistinguibles de las de los humanos – pero también hay cuestiones mucho más importantes para su biología y ecología. Por ejemplo, las infecciones por clamidias.

En su estado natural, un porcentaje enorme de las hembras de koala están infectadas por clamidia. Se trata de un género de bacterias (Chlamydia) que se transmite por vía sexual y provoca graves infecciones. Entre sus efectos están infecciones respiratorias, conjuntivitis y más importante aún, esterilidad.

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Y esto es fundamental para los koalas y para los ecosistemas que habitan. Porque no son los depredadores – o al menos de manera fundamental – quienes controlan las poblaciones de koala. Es la clamidia, mediante la esterilidad que provoca, la que se asegura que el número de koalas no se dispara.

Una koala de seis meses subida sobre su madre, el 22 de enero de 2014 en el zoológico de Duisburgo (oeste de Alemania). Los koalas utilizan los árboles como climatizadores, pegándose al tronco o las ramas para conseguir bajar su temperatura corporal

El mecanismo de control poblacional tiene su gracia. De todas las hembras, entre el 50-90% – es decir, de la mitad a casi todas – tiene clamidias. Que no provocan ningún problema ni síntoma, y les permite llevar una vida normal.

Hasta que se da una situación de estrés, como puede ser la sobrepoblación. En ese momento el sistema inmune comienza a fallar, se desarrollan las enfermedades relacionadas con la clamidia, y comienzan a morir muchos individuos. Esto hace descender el número, lo devuelve a un tamaño manejable... y vuelta a empezar.

Esta última curiosidad, la más importante tal vez, la pudieron comprobar los investigadores cuando realizaron una suelta de koalas criados en cautividad – y por lo tanto libres de clamidia – en su hábitat natural. Al carecer de controles poblacionales, la cantidad de individuos creció desmesuradamente, y afectó al equilibrio natural. Ya no volverán a cometer el mismo error.

La fuente original para este post se puede consultar aquí.

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