Los ratones “Forrest Gump” ayudan a entender el cerebro humano

Apuntes de Naturaleza

La imagen que tenemos habitualmente de los científicos es o bien la de sabios locos, o la de intelectuales muy concentrados en su trabajo. A la segunda idea ayudan cosas como que el nombre de una estirpe de ratones de laboratorio modificados genéticamente sea ChAT-ChR2-EYFP. Esta percepción cambia – y se acerca más a la realidad – cuando nos enteramos de que ellos los llaman ratones “Forrest Gump”, porque al igual que el personaje de la película y la novela, son capaces de correr muy rápido y durante mucho tiempo, pero no son muy listos. A fin de cuentas, a todo el mundo le gusta pasárselo bien en su trabajo.

Y mucho mejor aún si el trabajo es interesante e importante, como es este caso. Gracias a estos ratones los científicos han podido demostrar que uno de los tratamientos más habituales para combatir los efectos del Alzheimer puede tener un efecto negativo.

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Uno de los resultados de esta enfermedad degenerativa es la escasa producción de un neurotransmisor llamado acetilcolina. Para compensar estos niveles menores, es muy habitual darles medicamentos que contengan el neurotransmisor o que favorezcan su producción. Esencialmente porque, entre otras muchas funciones, la acetilcolina resulta necesaria para los procesos cognitivos, como las decisiones lógicas o la memoria.

Al mismo tiempo, esta sustancia participa en la contracción muscular. Cuando queremos que una fibra muscular se contraiga y mueva una estructura, por ejemplo para doblar un brazo o para mover las piernas y correr, hace falta que la orden llegue desde el cerebro hasta el músculo. La acetilcolina transforma el impulso nervioso en información que el músculo puede entender.

Para comprobar cómo puede afectar un aumento del neurotransmisor al organismo en su conjunto, los científicos modificaron genéticamente a ratones de laboratorio. El resultado fueron roedores con tres copias funcionales del gen que se encarga de producir esta sustancia, lo que aumenta en gran medida su concentración en el cuerpo.

Con estos ratones “Forrest Gump” realizaron dos experimentos distintos. El primero consistía en ponerlos a correr en una rueda y medir el tiempo que tardaban en mostrar signos de cansancio. El resultado fue muy claro: podían permanecer corriendo más del doble del tiempo normal sin que se notase fatiga de ninguna clase.

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En la segunda fase se trataba de descubrir si más acetilcolina significaba mayores capacidades cognitivas. Los ratones tenían que enfrentarse a una prueba de “agudeza”. Se les presentaba una pantalla con cinco posibles puntos de luz, y cuando uno de ellos se iluminase y apagase, debían pulsarlo. Si lo hacían correctamente obtenían un premio en forma de comida.

El resultado en este caso fue desalentador. Todos los ratones “Forrest Gump” lo hacían mucho peor que los ratones de laboratorio normales. En algunos casos no eran capaces de dar nunca con la respuesta correcta. De hecho, uno de los científicos llegó a decir que lo hacían “miserablemente mal”.

El problema está en que la acetilcolina ayuda al cerebro a concentrarse en aquellos estímulos que son importantes. Si se presenta una gran cantidad de información y los niveles de esta sustancia son normales, el cerebro es capaz de discriminar qué es importante y urgente y qué no. Pero si hay demasiada acetilcolina, todo parece importante y el individuo no es capaz de concentrarse y resolver los problemas. En este caso, más (acetilcolina) es menos (efectiva).