Los pingüinos de Adelaida sacan beneficio del cambio climático

José de Toledo

Cuando se habla de cambio climático, casi toda la atención se centra en el impacto negativo que tiene sobre los seres vivos. Esto es así primero porque hay muchos más motivos para la preocupación que para cualquier otra sensación. Y en segundo lugar, porque se conocen muy pocos casos de efectos positivos. De hecho, hasta ahora no se sabía de ninguna especie de la región polar que se estuviese beneficiando. Pero esto ha cambiado con la publicación de un artículo en la revista PloS One.

Según ha podido demostrar un equipo de científicos de Estados Unidos y Nueva Zelanda, las poblaciones de pingüino de Adelaida (Pygoscelis adeliae) están aprovechando el aumento de las temperaturas en la zona de la Antártida para colonizar nuevos hábitats e incrementar su número.

Esta especie de aves polares son algo más pequeñas que los pingüinos emperadores. Miden entre 60 y 70 centímetros y pesan alrededor de los 4 kg. Un tercio de todos los animales de esta especie viven en el Mar de Ross, en las islas de Beaufort y de Ross. Y gracias al deshielo de esta zona han pasado de 35.000 a 64.000 parejas en los últimos 50 años.

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Estos animales necesitan zonas de mar helado, como las que se pueden encontrar en las costas cercanas a la Antártida. Los únicos momentos de sus vidas en los que prefieren zonas libres de hielo son la época de cría y la infancia.

En el último medio siglo la temperatura media en esta zona del planeta ha aumentado considerablemente. Desde los años '80 lo hace a un ritmo de medio grado por década. Esto ha supuesto que la línea de nieve se haya retirado algo más de 500 metros. Esto supone que una gran cantidad de terreno que antes no podía utilizar para criar a sus polluelos ahora esté a su disposición.

Y no sólo eso. La idea con la que se trabajaba hasta ahora era que las crías de pingüino abandonaban el lugar donde vivían sus padres al llegar a la adolescencia, y que esto ocurría independientemente de las condiciones. Pero ha resultado no ser así: si hay suficientes recursos, tanto de espacio como de alimento, se quedan en su colonia original.

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La conclusión final que apuntan los autores del artículo es clara: aún no sabemos con certeza qué impacto tiene el cambio climático sobre la fauna y los ecosistemas. También explican que, aunque sus resultados sean una buena noticia para una especie, pueden no serlo para el sistema natural. En la naturaleza todo está en equilibrio, y si una especie comienza a crecer por encima de sus números normales, las consecuencias a lo largo de todo el ecosistema pueden ser muy importantes.