Los lemmings noruegos ni se esconden ni son cobardes

J Toledo
Un lemming, <i>Lemmus lemmus</i>, en su hábitat natural.
Un lemming, Lemmus lemmus, en su hábitat natural.

Los lemmings (Lemmus lemmus) son conocidos por muchas cosas – bueno, en realidad son famosos por una historia que resulta no ser cierta – pero a nadie se le ocurriría definirlos como valientes. Y sin embargo, lo son. Utilizan colores chillones para advertir a posibles depredadores de que no se van a quedar parados, que van a defenderse. Esto es lo que se explica en un artículo reciente.

Y no sólo utilizan colores chillones. También son, literalmente, chillones. Cuando detectan una amenaza, chillan para asegurarse de que sus posibles enemigos sepan que es un animal temible. Se trata del único caso en que un roedor se comporta de esta manera.

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El pelo de los lemmings noruegos es de color marrón en la espalda, amarillo en los costados y blanco en el pecho y el vientre. Esta combinación ya es rara de por sí, pero además los hace muy visibles en su hábitat natural. Y lo usan para defenderse.

A esta estrategia se la conoce como aposematismo. Es muy común en insectos, animales que utilizan códigos de colores para advertir a sus depredadores de que son venenosos, o que tienen aguijones para defenderse. Es decir, crean una señal de peligro para sus atacantes. Algo así como un “tú sabrás dónde te metes”.

En animales distintos de los insectos no es tan habitual. Hay serpientes y anfíbios que presentan estos colores, pero no se sabía de ningún roedor hasta ahora. Sí en algún mamífero herbívoro, pero muy pocos casos.

El estudio no sólo explica el color y los gritos. También demuestra que la estrategia es consistente. Es decir, que no se trata de una casualidad, que realmente sí lo usan para protegerse. Basta con ver lo que pasa cuando te acercas a un lemming, y cómo reacciona.

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Una parte del experimento para demostrar esto consistía en acercarse a los lemmings, y ver qué hacían. Y claro, compararlo con otros roedores que viven en la misma región. El resultado era claro. Mientras que otros roedores se escondían cuando veían aparecer a un ser humano – un posible depredador – los lemmings comenzaban a chillar en tono amenazador.

Pero claro, sólo hasta un punto. Cuando el depredador, el humano en este caso, se acercaba demasiado, los lemmings cambiaban de estrategia. Al ver que chillar y advertir de su “peligrosidad” no funcionaba, pasaban a una estrategia alternativa. Huían, aprovechando su capacidad para esconderse en pequeños huecos y recovecos del bosque.

En definitiva, el resultado de este estudio es simple. Los lemmings se enfrentan a sus depredadores siendo un poco “macarras”, a falta de un término mejor. Pero cuando esto no funciona, ponen tierra de por medio como hacen otros roedores. Esta estrategia mixta es lo que les permite sobrevivir mejor que otros roedores con los que comparten hábitat. Y también ayuda a explicar cómo son capaces de realizar sus migraciones sin sufrir demasiados ataques.