Las avispas reina son ciegas

José de Toledo

Si pensamos en insectos sociales, que forman colonias familiares y tienen un sistema de castas, las avispas no son las primeras que se nos vienen a la cabeza. Sin embargo hay varias especies de estos animales que cumplen estos requisitos y se pueden considerar eusociales. Y en algunos casos presentan aún otra curiosidad.

Un artículo reciente explica una de estas características interesantes. Como en cualquier colonia de insectos sociales, hay castas. En las avispas del papel (Apoica sp.) hay reinas y obreras. Y mientras que las obreras tienen todos sus sentidos bien desarrollados, las reinas son ciegas. No sólo no son capaces de ver, si no que la parte de sus cerebros que se encarga de procesar esta información está atrofiada.

Los autores del artículo trabajan en un campo muy interesante, la neuroecología. Esta rama de la ciencia estudia las modificaciones en los sistemas nerviosos provocados por cuestiones ambientales. Generalmente comparan cómo funcionan el cerebro y los sentidos de animales con hábitos muy distintos, como aves diurnas y nocturnas.

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Pero en este caso centraron su atención en este tipo de avispas, por dos buenos motivos. El primero, que es un grupo muy diverso – con muchas especies – y que la forma de organización social difiere mucho de unas a otras. De esta manera se obtienen datos comparables – por la relación entre las especies – pero de estrategias muy distintas. El segundo motivo es mucho más sencillo: resultan fáciles y baratas de capturar y criar.

Para empezar, centraron su atención en las especies que tienen un comportamiento más común. Es decir, aquellas que se parecen más a otros insectos sociales. En estas especies cada animal nace con una función muy definida – bien sea obrera o reina – que mantiene toda la vida. Pero genéticamente son iguales, ya que cada individuo es un clon de la reina que inició la colmena.

En una situación así, es fácil explicar por qué las reinas son ciegas. A fin de cuentas, el sentido de la vista no les sirve para nada. Viven toda su vida dentro de la colmena – que hacen con restos de madera y recuerda al papel, de ahí el nombre. En cambio, las obreras deben buscar comida, reparar el nido, luchar contra los invasores y cualquier otra tarea que sea necesaria. En estos casos la vista sí resulta importante.

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Pero en otras especies la cosa no es tan sencilla. Distintos individuos luchan por la dominación, por convertirse en reina. Comienzan su vida como obreras, pero llegados a un determinado momento cambian. Los científicos esperaban que en estas especies las diferencias fuesen menores, que tanto reinas como obreras tuviesen desarrollada la región responsable de la vista más o menos por igual.

Pero ha resultado ser justo lo contrario. Las especies en las que hay más diferencias es en las que luchan por el puesto de reina y reproductora de la colonia. Cuando una obrera, con su región visual bien desarrollada, obtiene el puesto de reina, la zona del cerebro encargada de la visión se atrofia. Este tipo de adaptación a lo largo de la vida, de plasticidad cerebral, es muy poco común y resulta muy interesante.

Aún quedan muchas cosas por entender de la neuroecología de las avispas del papel. El siguiente paso que quieren dar los investigadores es el de criar colonias de distintas especies, e ir comparando cómo se desarrolla el cerebro a lo largo de la vida de estos insectos.