La nueva variante del virus del conejo amenaza a nuestra fauna

J Toledo
Un ejemplar de conejo silvestre (<i>Oryctolagus cuniculus</i>) en el monte mediterr&amp;aacute;neo.<br />Cr&amp;eacute;dito: Miguel Delibes-Mateos
Un ejemplar de conejo silvestre (Oryctolagus cuniculus) en el monte mediterráneo.
Crédito: Miguel Delibes-Mateos

Nuevos problemas para los conejos y las liebres en España. Lo que significa problemas también para sus depredadores, especialmente para el lince. Nuevos en cierta forma, porque se trata de una nueva variante del virus hemorrágico que ya afectaba a estos animales. Tal y como se explica en un artículo reciente, esta nueva cepa de la enfermedad es más mortífera, y ataca a animales más jóvenes.

En realidad, es un problema realmente serio para todos los ecosistemas mediterráneos. La primera especie que se va a ver afectada – ya está ocurriendo – es el lince (Lynx pardinus). A fin de cuentas, si falta su presa principal, este felino tan amenazado lo va a pasar muy mal.

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Pero no sólo él. Un gran número de depredadores de nuestros ecosistemas dependen del conejo (Oryctolagus cuniculus). Pero no sólo quien se alimenta de ellos. También las plantas que dependen de los conejos para que dispersen sus semillas. O los insectos coprófagos que se alimentan de sus heces. Que también sirven para aportar nutrientes a los suelos.

Esta no es la primera vez que un virus deja tocada a las poblaciones de conejo en la Península Ibérica. Y siempre ha tenido las mismas consecuencias: un impacto muy serio en todo el ecosistema, una especie de “reverberación” en toda la cadena trófica.

Pero, ¿qué hace especial a esta variante del virus? Hay dos factores, el primero muy sencillo de explicar. Como se trata de una “nueva versión” la inmunidad que se había desarrollado no funciona. Al menos, no tan bien como debería.

Pero lo realmente preocupante es que ahora afecta a individuos más jóvenes. De hecho, muy jóvenes, de apenas diez días de vida. La cepa anterior del virus no afectaba a animales de tan corta edad, y estos podían desarrollar protecciones frente a la enfermedad.

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Aún no se tienen muchos detalles sobre este nuevo brote. No se sabe cómo ni dónde ha surgido, ni hasta que punto puede ser peligroso. Lo que sí se ha demostrado es que las poblaciones de conejo han caído bastante desde que apareció. En 2013 había entre un 70-80% menos de estos pequeños mamíferos en nuestros ecosistemas.

Y al no tener demasiada información, tampoco se pueden poner en marcha muchos planes para mitigar sus efectos. Lo más parecido que se tiene, y que se puede utilizar como referencia, es lo que ocurrió en los años noventa.

En ese momento sobrevivieron las poblaciones más fuertes, así que lo poco que se puede hacer es tratar de que las densidades sean lo más altas posibles, y seguir investigando para encontrar soluciones complementarias.