Apuntes de Naturaleza

Identificadas tres nuevas especies de simios venenosos

Crédito de la imagen: Ch'ien C. Lee. www.wildborneo.com.mySi pensamos en los peligros para la conservación de un animal venenoso y con lengua bífida, lo último que se nos ocurriría a muchos es que el comercio ilegal estaría entre ellos. Pero si el animal es un simio, con ojos muy grandes y redondos, y un cierto aspecto de peluche, la cosa cambia. Este es el caso del Loris perezoso (Nycticebus sp.), al que se le acaba de sumar un nuevo problema: no se trata de una única especie, sino que son cuatro distintas.

Este tipo de situaciones es más habitual de lo que se puede pensar. Generalmente cuando se comienza a conocer mejor una especie, al realizar estudios en mayor profundidad, se suele descubrir que lo que se consideraba una única especie, con algunas variaciones en sus poblaciones, es en realidad un conjunto de especies.

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Y supone un verdadero problema para su conservación. Al separar a un grupo de animales en cuatro especies, nos encontramos con que los efectivos poblacionales, el número de individuos de las especies, también se divide. En este caso concreto se pasa de tener una situación de amenaza, que hace necesario desarrollar prácticas para proteger a la población, a tener cuatro situaciones de claro peligro de extinción. Y cada especie tiene sus propios requerimientos para conservarla.

A pesar de ello, hay un factor que tienen en común las cuatro especies, y que es lo que las está llevando al borde de la extinción. Estos animales son cazados y vendidos ilegalmente como mascotas exóticas, a pesar de estar catalogados en el Convenio CITES (Convention on International Trade of Endangered Species), la norma que regula el comercio internacional de animales.

Lo primero que hacen los comerciantes ilegales con estos simios es extraerles sus dientes venenosos. De esta manera el animal deja de suponer ningún peligro. Después de esto pasan a venderlos.

El problema, tal y como explican desde varios zoológicos, es que estos simios no son domesticables. En primer lugar, por su dieta. Se alimentan de una mezcla de insectos, resinas de árboles y néctares de flores. En cautividad, resulta muy difícil conseguir estos ingredientes, y cuando se tienen no se conoce bien la mezcla necesaria de los componentes para ofrecerles una nutrición adecuada.

Otra cuestión a tener en cuenta es que se trata de una especie social. Los científicos están seguros de esto, a pesar de no conocer con exactitud cuál es la estructura social ni las formas de relación de estos animales. Al sacarlos de su entorno pierden estas interacciones con miembros de su grupo, lo que hace que cambie por completo su comportamiento y empeore su calidad de vida.

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El tercer factor es, quizá, el más importante. Los loris son animales nocturnos, perfectamente adaptados a vivir en condiciones de baja iluminación. Pero las personas que los tienen como mascotas suelen preferir interactuar con ellos durante el día. Al hacer esto, se cambia por completo su ritmo diario y se les provoca un estrés que disminuye sustancialmente su vida.

Y existe un último factor. Estas especies, originarias de Borneo, se han empleado de manera tradicional en la medicina popular asiática. Los métodos que se emplean para obtener los supuestos principios medicinales son muy agresivos, y suelen dar como resultado la muerte del animal. Un ejemplo de ello es la manera de obtener sus lágrimas, que supuestamente curan infecciones oculares en humanos.

Para conseguir este fluido, se inserta un pincho similar a los que se utilizan en cocina en el ano del animal. Se continúa introduciendo este elemento hasta cerca de la boca, provocando un intenso dolor en el animal, que comienza a llorar. Con el animal aún vivo, se recogen las lágrimas y se almacenan para la venta.

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