La gestión del agua tuvo un papel importante en la caída del Imperio Romano

Apuntes de Naturaleza
Imagen del Acueducto de Segovia, ejemplo de las infraestructuras hídricas del Imperio Romano

La historia del Imperio Romano despierta mucho interés en prácticamente todas las disciplinas del conocimiento. Y en el caso de la Biología y la Ecología, un gran número de investigadores se preguntan por el impacto ambiental que generó, y por su sostenibilidad. El último estudio publicado de este tipo se pregunta por la importancia del agua, de la gestión de los recursos hídricos, en el auge y la caída de esta civilización.

Y lo hacen desde un enfoque novedoso e interesante. Para la sociedad romana, el cultivo fundamental era el trigo. En las regiones agrícolas del Imperio se producía una gran cantidad de este cereal, que después se distribuía y vendía a lo largo de todo el territorio.

Para producir un kilo de grano de trigo hacen falta entre 1.000 y 2.000 litros de agua, según los datos que manejan los investigadores. Así que, desde el enfoque que han aplicado los investigadores, cuando se llevaba trigo desde los cultivos a las ciudades lo que se estaba haciendo era transportar agua. De manera virtual, pero se exportaban recursos hídricos de un lugar a otro.

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Esta práctica comercial permitió al Imperio Romano expandirse por tres continentes – Europa, Asia y África – en una región climática complicada. El clima mediterráneo presenta muchas ventajas, pero también inconvenientes. Por ejemplo, la inestabilidad y la poca predictibilidad de las lluvias. O la aridez de ciertas zonas.

Pero el “mercado virtual del agua” no sólo sirvió para llegar a más lugares. También contribuyó de manera muy importante al aumento de la población. El número de personas viviendo en esta civilización llegó a un máximo de 70 millones.

Justo en ese momento comenzaron los problemas de sostenibilidad. Lo que hasta ese momento había servido para darle estabilidad al sistema, la capacidad de transportar agua de manera virtual, comenzó a convertirse en un problema.

Porque la población comenzó a concentrarse en las ciudades. El desarrollo urbano se fue haciendo cada vez mayor, lo que tenía dos efectos. Por una parte, obligaba a estas poblaciones a importar cada vez más “agua virtual”. Y también dejaba a las zonas agrícolas con menos gente que se hiciesen cargo del trabajo.

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Para completar la situación, la concentración en ciudades también suponía un mayor esfuerzo y gasto en transporte. Una situación poco estable, a la que sólo le hacían falta un par de años de malas cosechas para caer.

Evidentemente, la gestión del agua – directa e indirecta – no es el único factor que entró en juego. Pero sí fue un elemento clave en la caída del mayor Imperio europeo de la antigüedad.