En la conservación de especies, los ciudadanos saben más que los expertos

Si pensamos en los factores más importantes para la conservación de la naturaleza, lo primero que se nos viene a la cabeza es el trabajo de las autoridades y las organizaciones implicadas en ello. Sin el trabajo de estas instituciones resultaría imposible llevar a cabo el trabajo necesario para conseguir esto. Pero, tal y como explica un estudio recientemente publicado en la revista Science, hay otro factor que es tan imporante o más: la implicación de los ciudadanos.

Y no nos referimos sólo a que sin la participación de las personas de a pie no se podrían llevar a cabo estas acciones. Los resultados de este estudio dejan muy claro que, en muchas ocasiones, el público general sabe mucho mejor lo que hay que hacer, qué especies hay que proteger y dónde, de lo que lo hacen las instituciones.

El estudio se basa en los Estados Unidos. La Ley de Protección de Especies en este país tiene una particularidad: una especie puede entrar en los listados de protección a propuesta de un grupo de ciudadanos. Una vez realizada la propuesta, el organismo competente, el Servicio de Pesca y Fauna Salvaje (FWS, por sus siglas en inglés) podía dar el visto bueno u oponerse. Si el FWS se posicionaba en contra, los ciudadanos pueden apelar y la decisión la toma un comité externo.

Desde el principio, este punto de la ley ha desatado polémica. Los argumentos en contra de este apartado se basan en dos puntos principales. Por una parte, las especies que proponen los ciudadanos no entran directamente en los listados de protección. Tienen que pasar por un filtro de la administración, y se pensaba que esto puede hacer perder mucho tiempo a las autoridades. Y por otra parte, se temía que la ley se utilizase con fines políticos más que para proteger a las especies. Por ejemplo, en el caso de desarrollos urbanísticos, o la construcción de infraestructuras.

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Para realizar este trabajo, los investigadores se han basado en 913 especies, terrestres y de agua dulce, que entran en las categorías de "en peligro" o "amenazadas". Éstas son las dos más altas, las que suponen mayores esfuerzos y seguimiento. Se ha tenido en cuenta si fueron propuestas por el FWS o por los ciudadanos, si entraron directamente o si hubo propuestas en contra, y si la protección de la especie entraba en conflicto con algún proyecto de construcción. Por último, utilizaron un sistema de puntuación que se utiliza para determinar qué especies son prioritarias.

Las conclusiones fueron muy claras. Las especies propuestas por los ciudadanos estaban generalmente en una situación de amenaza mayor. Muchas de ellas habían sido ignoradas por el FWS, incluso en algunos casos la administración se había situado en contra y la especie había sido incluida por comités externos. En cuanto a los organismos propuestos por el FWS, suelen ser animales muy llamativos y que atraen mucha publicidad, como osos o grandes pájaros. A este tipo de fauna se la conoce como especies carismáticas o especies paraguas.

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Los investigadores también explican por qué pasa esto. El FWS no se puede encargar de todo, y centra su atención en aquello que resulta más llamativo. En cambio, las propuestas de los ciudadanos suelen basarse en grupos locales, en el trabajo de naturalistas aficionados que dedican mucho tiempo a conocer en profundidad los ecosistemas en que viven. De esta manera, las autoridades y los ciudadanos se complementan.