En 2050 el 99% de las aves marinas habrán comido plástico

J Toledo
Un piquero patirrojo (<i>Sula sula</i>) rodeado de pl&amp;aacute;sticos en la Isla de Navidad.<br /><br />Cr&amp;eacute;dito: CSIRO
Un piquero patirrojo (Sula sula) rodeado de plásticos en la Isla de Navidad.

Crédito: CSIRO

Hay cifras sobre contaminación que son alarmantes. El 90% de las aves marinas tienen plásticos en su estómago, según un estudio reciente. Lo que ya por sí mismo sería una señal de alarma, pero es que en el mismo trabajo se dan otros datos y explicaciones que presentan una imagen aún peor.

Porque si la cantidad de individuos, de pájaros concretos, que hoy en día están afectados por nuestra basura ya es grave, mucho peor es la cantidad que se prevé para 2050. El 99% de las especies de aves marinas habrían comido este tipo de productos.

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Esto incluye tanto gaviotas y albatros como pingüinos. Todos ellos animales fundamentales para sus redes tróficas. Por muchos motivos, pero el principal es que se encuentran en “la cima de la pirámide”.

Y claro, comer plásticos afecta a un animal. Más que nada porque ocupan espacio y no aportan alimento. Los plásticos no se pueden digerir – al menos no por estos animales, ni de momento – así que se acumulan en el tracto digestivo. Esto provoca daños en el estómago y el intestino, pérdida de peso y en muchos casos la muerte del animal.

No es que estos pájaros sean tontos y se pongan a comer algo que no les aporta más que problemas. Lo que ocurre es que lo confunden con comida. Las bolsas, flotando por el océano, se parecen a medusas. Y los restos de ropas, que llegan desde los vertederos a través de los ríos, les llaman la atención por sus colores llamativos.

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El estudio también da cuenta de otra cuestión. Y es el aumento que se ha visto desde que se empezaron a detectar restos de plásticos en las aves marinas. En la década de 1960 apenas un 5% de los animales tenían estos productos artificiales en su sistema.

Por desgracia, la cosa pinta mal. Cada 11 años duplicamos la cantidad de plásticos que producimos – si se sigue a la tasa actual – y esto es lo que da las cifras de 2050. Pero no todo está perdido, hay motivos para la esperanza.

La principal es que una buena gestión de los desechos ayuda a evitar estos problemas. Los esfuerzos para evitar que lleguen residuos plásticos desde Europa a los océanos han tenido un efecto marcado y muy rápido en las aves marinas.

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Medidas muy simples de poner en marcha e implementar darían resultado en el corto plazo. Y simplemente manteniéndolas mejorarían la situación en el medio y largo plazo. Con un poco de esfuerzo, podríamos hacer mucho.