El veneno de una tarántula puede usarse como insecticida

Apuntes de Naturaleza

El veneno de las arañas ha tenido a lo largo del tiempo muchas utilidades. La principal, obviamente, es la biológica, y su función sirve tanto como defensa como principalmente para matar a las presas que luego consumen. Pero también se han empleado estas toxinas en medicina para parar infecciones – matando el tejido por encima de la parte afectada –, o como tratamiento de belleza con un sistema parecido al del bótox actual. Y según un artículo reciente, también se puede explotar en agricultura como insecticida.

La manera más común en la que actúa el veneno de cualquier araña es mediante una inyección. Los animales atacan a sus presas y clavan dos patas modificadas que tienen justo delante de la boca, llamadas quelíceros, a través de los que introducen el veneno. Pero al menos en una especie de tarántula australiana, llamada Selenotypus plumipes, el veneno también funciona por vía oral.

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Cuando un insecto se alimenta de una de estas tarántulas, ingiere el veneno con la carne y éste le produce la muerte. En realidad no se trata de una estrategia de defensa, ya que es muy raro que se produzcan este tipo de ataques. Pero si la toxina funciona así, también funcionará cuando el insecto intente aprovecharse de la caza de una araña y trate de robarle la comida.

Lo más interesante que han encontrado los científicos es el tipo de animal al que más afecta, y la manera en que lo hace. En los cultivos agrícolas australianos hay un grave problema con la isoca nativa (Helicoverpa punctigera), una mariposa cuyo gusano arrasa los campos de cereal de dicho país. Esta plaga puede suponer una pérdida de hasta un 20% de las cosechas, y cada vez se ha ido haciendo más resistente a los insecticidas.

Pero no al veneno de la tarántula. Al consumir comida tratada con la toxina el gusano moría rápidamente. De hecho, ni siquiera era necesaria la toxina completa, sólo un pequeño péptido – una cadena corta de proteína. Al comparar cómo de efectivo era el veneno, los investigadores pudieron ver que la diferencia con el insecticida comercial, denominado Imidacloprid, era mucho mayor de los esperado. En algunos casos, más del doble de muertes.

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Las posibles aplicaciones de este hecho son claras. Por una parte se podría tratar de crear cultivos modificados genéticamente, para que el trigo y otras especies produzcan la toxina. El problema es que este tipo de organismos no siempre dan los resultados que se esperan, y pueden provocar una resistencia en las plagas.

Otra opción, que es por la que se decantan los científicos, es la de aislar el péptido y tratar de producirlo de manera industrial. La ventaja que tendría frente a otros insecticidas es que se trata de un producto natural – aunque se obtenga de manera industrial – y el tiempo que tarda en degradarse sería mucho menor.